Aunque pueda sonar extraño, se puede afirmar sin temor a equivocarse que los visigodos están de moda. Durante casi tres siglos, el reino visigodo de Hispania marcó la transición de la Antigüedad a la Edad Media en la península. Sin embargo, en el siglo XX hubo escasas publicaciones sobre ellos; tendencia que se ha corregido en los últimos años gracias a historiadores y novelistas que han puesto a disposición del público lecturas de calidad probada. En este contexto, la Editorial Almuzara nos trae Los visigodos. Historia y arqueología de la Hispania visigoda de Luis del Rey.
Arqueología visigótica
Me agrada el enfoque de Luis del Rey. La arqueología visigótica es el gran olvidado entre los depósitos españoles, lo que ha provocado lagunas en la narración histórica: disponemos de más documentos escritos que de restos materiales.
Se suele imaginar a los romanos como una sociedad urbana y a los visigodos como esencialmente rural. Según del Rey, esta dicotomía no es tan clara; ciudades como Córdoba, Sevilla, Mérida, Barcelona o Toledo mostraron una notable ocupación visigoda.
Barcelona
Barcino, la Barcino romana, se transformó en la primera capital visigoda de Hispania, incluso antes de la fundación del reino visigodo de Tolosa al otro lado de los Pirineos. Destacan dos hallazgos episcopales: uno bajo la Plaza del Rey y la Catedral gótica de Santa Eulalia, donde se halló parte de la fachada, los cimientos de una posible sala de sínodos y una espectacular pila bautismal con una gran cruz; y otro, más reciente, bajo la Basilica de Santos Justo y Pastor, a unos 200 m del primero. Antes del III Concilio de Toledo (589), podrían haber pertenecido a las dos confesiones cristianas practicadas por los visigodos: la arriana y la católica romana.
Plaza del Rey (Barcelona)
Emerita Augusta (Mérida)
La segunda gran ciudad que recorre del Rey es Mérida, la más importante de la Hispania tardía. Tras la toma por los alanos y suevos en el siglo V, los visigodos, bajo Agila, la convirtieron probablemente en capital temporal. Entre los restos hallados destacan los de la Basilica martyrial de Santa Eulalia (pilastras, frisos decorados, capiteles y lápidas) y, en la zona arqueológica de la Morería, viviendas visigodas reutilizando domus romanas, una granja romana y una vivienda visigoda que reflejan el declive económico de la época.
Toledo
El gran eslabón perdido es Toledo, capital del reino desde Teudis y Atanagildo (554‑567). Leovigildo lo convirtió en su residencia habitual, pero los restos arqueológicos son escasos; solo se debate la existencia de un tramo de muralla visigoda en la Cuesta de la Granja.
Los actas conciliares nos indican que la ciudad albergaba tres grandes iglesias (Santa María, los Apóstoles Pedro y Pablo y Santa Leocadia) y un amplio palacio palatino inspirado en el Imperio Bizantino, cuya ubicación sigue siendo hipotética. Algunos arqueólogos sitúan gran parte de este complejo en la zona de Vega Baja, aunque la falta de muros lo complica. Los hallazgos visigodos se exhiben en el Museo de la Iglesia de San Román.
La importancia de la religión
Durante la época visigoda, la religión se convirtió en el eje central de la sociedad. La Iglesia ejercía control político, social, judicial y económico, acompañando a los reyes visigodos. Los visigodos llegaron como arrianos y, tras el Concilio de Toledo de 589, se convirtieron en defensores del catolicismo romano.
Según las crónicas, había unas 70 sede episcopales en la península y Narbona; seis de ellas eran metropolitanas: Toledo, Mérida, Sevilla, Tarragona, Braga y Narbona.
Los complejos episcopales típicos incluían: basilica o catedral (planta de cruz latina, a menudo con tres naves y ábside), bautisterio con gran pila bautismal, palacio episcopal y aula para sínodos. Los restos de estos complejos son escasos, pero el mejor conservado es el Complejo episcopal de Egara, cerca de Barcelona, en Terrassa. Allí se encuentran tres iglesias con vestigios visigodos (ápsides, tumbas, columnas, piscinas bautismales) y un fresco mural del siglo VI único en España. La iglesia de San Miguel conserva el aspecto más próximo al original.
Complejo episcopal visigodo de Egara
Otras iglesias que sobreviven, aunque restauradas, son: San Pedro de la Nave (Zamora), San Juan de Baños (Palencia), Santa Comba (Ourense) en España; y en Portugal São Torcato (Guimarães) y São Pedro de Balsemão (Viseu). Del Rey analiza los motivos tallados en sus piedras: geométricos, vegetales, zoomorfos y antropomorfos.
Ermitaños y enterradores
Los ermitaños surgieron en el desierto egipcio del siglo IV y la Biblia los exaltó como modelo de perfección espiritual. En la Hispania visigoda, aunque fueron perseguidos por la autoridad eclesiástica, continuaron su práctica. El canon V del VII Concilio de Toledo (646) criticó a los ermitaños que meditaban sin seguir la regla de la Iglesia; algunos fueron obligados a vivir en monasterios.
Su refugio principal eran las cuevas, a veces excavadas por ellos mismos. Del Rey menciona la Ermita de Urarte (Álava) y la Cueva de San Genadio (León). Con el tiempo, muchas de estas cuevas se transformaron en auténticas iglesias talladas en piedra, algunas todavía en uso, sobre todo en la zona de Valderredible, al sur de Cantabria, donde abundan los ermitajes rupestres.
Ermita de Urarte
Los visigodos enterraban a sus muertos fuera de las ciudades, siguiendo la costumbre romana. Alrededor de las iglesias se encuentran numerosos túmulos adheridos a los muros externos; en algunos casos se hallaron sepulturas dentro del edificio, incluso en las ábsides, lo que sugiere que allí reposaban figuras prominentes, como obispos o, quizás, reyes.
Iglesia-cueva de Santa María de Valderredible
El destino de los reyes visigodos sigue siendo incierto. No construyeron mausoleos como los ostrogodos de Rávena. Algunas fuentes medievales, como la crónica del historiador árabe Ahmad ibn Muhammad al‑Razi (siglo X), indican que algunos fueron sepultados en un pantéon real en la antigua iglesia de Santa Leocadia, aunque nunca se ha localizado.
Un caso concreto es el del rey Chindasvinto (642‑653), supuestamente enterrado en el monasterio de San Román de Hornaja (Valladolid); allí se descubrió un sarcófago con restos humanos que podrían pertenecer al monarca y a su esposa Reciberga.
Las necrópolis visigodas, poco estudiadas, están dispersas por la península: la de San Pantaleón en Valderredible, la de Ercávica (Cuenca), entre otras. Del Rey plantea la pregunta de cuántos de esos enterrados eran visigodos puros, hispano‑romanos o hispano‑visigodos, nacidos tras la conversión de Recaredo en 589.
Necrópolis visigoda de San Pantaleón
En conclusión, la lectura de Luis del Rey nos abre nuevas ventanas al pasado visigodo, pero aún quedan muchas incógnitas que los jóvenes historiadores deberán seguir investigando. Mientras tanto, disfruta de Los visigodos. Historia y arqueología de la Hispania visigoda de Luis del Rey Schnitzler.
Los visigodos en la Historioteca