Contexto histórico
Antes de que los romanos cruzaran los Alpes con mulas en el siglo I a.C., los pueblos de la zona solo utilizaban caballos como animales de monta. Así lo demuestran los análisis genéticos realizados por un equipo del ArchaeoBioCenter de la LMU (Universidad Ludwig‑Maximilian de Múnich), la Colección Estatal de Paleoanatomía de Múnich y la Universidad de Viena.
Los celtas y sus caballos
Hasta el final de la Edad del Hierro, en el siglo I a.C., los asentamientos celtas de las estribaciones alpinas del norte criaban exclusivamente caballos. Para los celtas, los caballos eran animales de élite y se empleaban principalmente en operaciones militares.
La llegada de las mulas
Cuando los romanos se adentraron en las regiones alpinas del norte a finales del siglo I a.C. y se establecieron allí, introdujeron mulas procedentes del Mediterráneo. Las mulas, híbridos de caballo y burro, eran apreciadas por el ejército como animales de carga y trabajo. Su fuerza, resistencia y seguridad en terrenos montañosos, junto con la capacidad de subsistir con forraje de menor calidad y una mayor resistencia a enfermedades, las convertían en una opción superior a la de caballos y burros.

Investigación genética
Hasta ahora, la aparición temprana de la importancia económica y militar de las mulas en las regiones al norte de los Alpes estaba rodeada de incertidumbre. Resulta difícil distinguir, incluso para los expertos, los restos arqueológicos de équidos –caballos, burros y sus híbridos, mulas y burros‑de‑caballo–, ya que la mayoría de sus huesos son muy similares.
Un equipo de investigadores de las cátedras de Paleoanatomía, Investigación de la Domesticación e Historia Veterinaria de la LMU, la Universidad de Viena y la Colección Estatal de Paleoanatomía de Múnich analizó el ADN antiguo de más de 400 équidos provenientes de un asentamiento celta y de siete colonias romanas en la actual Alemania del sur, Suiza oriental y Austria.
Resultados y métodos de identificación
Los resultados genéticos se compararon con los métodos tradicionales de identificación de especies, basados en la morfología, forma y tamaño de los dientes mandibulares y de ciertos huesos. Los restos de mulas solo se hallaron en los asentamientos romanos. Además, se demostró que las mulas pueden identificarse no solo a través del ADN antiguo, sino también mediante características específicas de sus premolares.
Sin embargo, la identificación segura de híbridos de caballo y burro depende del acceso a amplias colecciones de referencia de esqueletos de équidos, para poder compararlos con los hallazgos arqueológicos, explica Joris Peters, director de la Colección Estatal de Paleoanatomía de Múnich y profesor de la LMU. El ADN no siempre está suficientemente conservado en el material arqueológico para identificar a los animales con certeza. Por eso, la creación de colecciones naturales completas es esencial para investigar las culturas del pasado.