Contexto histórico
Tras la victoria de Octavio sobre Marco Antonio y Lepido, el Senado le concedió en 27 a.C. el título de princeps, convirtiéndolo de facto en el primer emperador bajo el nombre de Augusto. Consolidó su poder y, entre otras campañas, finalizó la resistencia de los cántabros y astures en Hispania, reorganizando la península en las provincias de Bética, Tarraconense y Lusitania.
Arabia Felix y el interés romano
Arabia Felix, la zona costera del sur de la península arábiga (actual Yemen y Omán), era famosa por su fertilidad y, sobre todo, por ser un punto estratégico en el comercio de especias, incensios y otros productos exóticos procedentes de la India y el Cuerno de África. Controlar esas rutas significaba reducir la dependencia de intermediarios y obtener grandes riquezas.
La misión de Aelius Gallus
En 24 a.C., bajo las órdenes de Augusto, el prefecto de Egipto Aelius Gallus recibió la tarea de "establecer tratados de amistad o, en su caso, conquistar" los reinos de Arabia Felix. El objetivo era doble: mantener ocupado al nuevo prefecto y, a la vez, abrir una vía directa al comercio con la India.
Gallus reunió una flota de ochenta biremes y trirremes en Alejandría, que sustituyó por ciento treinta barcos de carga cargados con la Legio XXII Deiotariana (aprox. 10 000 hombres), auxiliares hebreos y nabateos enviados por el rey Herodes el Grande y el rey nabateo Obodas III.
El viaje y los obstáculos
Tras catorce días de navegación, la tropa desembarcó en Leuke Kome, una localidad nabatea sin defensas. El invierno y una serie de enfermedades, agravadas por el naufragio de varias embarcaciones, diezmaron al ejército.
Los nabateos, bajo el mando del ministro Sileo, guiaron a los romanos por rutas desérticas y poco favorecedoras, evitando los oasis principales. La marcha atravesó el desierto de Saba, con escasez de agua y alimentos, lo que provocó más bajas por enfermedad y agotamiento.
El asedio a Marib
Gallus llegó finalmente a la ciudad de Marib (Marsaiba), capital de la legendaria reina de Saba. El asedio duró apenas seis días antes de que una epidemia diezmará a las legiones, obligando al prefecto a abandonar la operación y a intentar una retirada hacia el puerto de Eudaemon (actual Adén).
El regreso y sus consecuencias
El regreso, mucho más rápido (aprox. 60 días), se realizó por una ruta distinta, evitando los traicioneros guías de Sileo, quien fue capturado y enviado a Roma. La expedición volvió a Alejandría derrotada y sin botín, y poco después Augusto la sustituyó por Publius Petronius.
Aunque la misión fracasó, proporcionó a Roma valiosos datos geográficos sobre la península arábiga y despertó un interés que, siglos después, culminaría con la anexión de la zona nabatea por Trajano en el 106 d.C., creando la provincia de Arabia Petraea.
Legado
El fracaso de Aelius Gallus no significó el fin del interés romano en Arabia; la información recopilada sentó las bases para futuras relaciones comerciales y militares. La expedición quedó como un episodio revelador de los límites de la expansión imperial y de los desafíos logísticos que suponía operar en entornos desérticos.