Historia antigua

Troll

Origen y etimología

El origen del término es incierto; en sus primeras menciones se describía al troll como un gigante temible.

El troll en la tradición cristiana

Contrario a la visión romántica que lo asimila con un duende travieso, la tradición cristiana lo equiparó al diablo (por ejemplo, la expresión «Que el troll te posea»). Desde la conversión de Noruega bajo los reyes Ólafr Tryggvason y Ólafr Haraldsson el Santo (finales del X y comienzos del XI siglo), los misioneros cristianos dirigieron su labor contra estos gigantes, creando una sólida tradición que quedó plasmada en baladas, cantos y cuentos populares del norte.

Características y representación

En el imaginario popular noruego el troll es de tamaño humano, pero extremadamente feo y torpe: nariz larga como un bastón, cuerpo desgarbado y una cola tupida que asoma entre los pantalones. Su estupidez lo hace fácil de eludir, aunque en ocasiones puede resultar útil. No se le confunde con un enano ni con una criatura inofensiva; a veces incluso se habla de sus hermosas hijas que se casan con dioses.

Relación con otras criaturas míticas

Algunos estudios sugieren que los trolls podrían ser los muertos insatisfechos, similares a los draugr islandeses. En la mitología nórdica las categorías de seres sobrenaturales se solapan, de modo que la noción de «gigante» se entrelaza con otras realidades míticas.

Presencia en la toponimia y la literatura

La fealdad y lo monstruoso del troll explican su presencia en nombres de lugares: Trollahals, Trollaskôgr o Trollatunga (literalmente «garganta», «bosque» o «lengua del troll»). Henrik Ibsen, en "Peer Gynt", capturó la ambigüedad y sutileza del concepto de troll.


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