Historia antigua

Batalla de Tsushima (1905)

Antecedentes y causas

La victoria japonesa sobre la Armada Imperial rusa en 1905 marcó el surgimiento de una nueva potencia militar en Asia. Los acorazados modernos de Japón eran más rápidos y mejor armados que los barcos rusos, todavía basados en diseños del siglo XIX. Esta derrota fue una advertencia para los imperios occidentales, al igual que la victoria prusiana sobre Francia en 1870 había reforzado la confianza militar alemana.

Japón había conseguido sus primeras victorias en la guerra contra China en 1895, pero Rusia intervino para apoderarse de territorios que Japón había ganado, dejando a Tokio sin capacidad de respuesta. Desde 1902, Gran Bretaña compartía la preocupación japonesa por la presencia rusa en Manchuria y firmó una alianza que obligaba a Inglaterra a no apoyar intervenciones occidentales, dejando a Japón libre para enfrentar a Rusia.

En 1900, la Rebelión de los Bóxers provocó que Rusia enviara grandes contingentes a Manchuria. El ministro de exteriores japonés advirtió en 1901 que, si Manchuria pasaba a manos rusas, Corea no podría mantenerse independiente, convirtiéndose en una cuestión de vida o muerte para Japón.

Desarrollo de la guerra (1904‑1905)

El conflicto estalló en febrero de 1904 cuando Japón atacó Port Arthur, la principal base naval rusa en Manchuria, en un ataque sorpresa sin declaración previa de guerra, similar al de Pearl Harbor décadas después. Los torpederos japoneses dañaron gravemente a los barcos rusos y bloquearon el puerto.

Las tropas japonesas desembarcaron en el norte de Corea y avanzaron hasta el río Yalu, apoyando las operaciones navales. Rusia dependía del Ferrocarril Transiberiano para enviar refuerzos, lo que retrasó su respuesta. En la batalla del Yalu, una fuerza rusa superada en número fue totalmente derrotada, permitiendo a Japón avanzar hacia el interior de Manchuria.

Port Arthur sufrió un prolongado asedio. Los intentos japoneses de asaltar la fortaleza resultaron en enormes bajas, ya que la artillería y ametralladoras rusas, protegidas por trincheras y alambre de púas, convirtieron los asaltos en cargas suicidas. Tras casi un año, en enero de 1905, los japoneses lograron romper la resistencia y la guarnición rusa se rindió.

En el resto de Manchuria, los ejércitos de ambos países se enfrentaron en sangrientas pero inconclusas batallas, con decenas de miles de bajas, prefigurando la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial. La victoria japonesa en Mukden (marzo de 1905) no obligó a Rusia a retirarse, prolongando un costoso estancamiento.

Batalla de Tsushima

En octubre de 1904, la Flota del Báltico rusa, bajo el almirante Rozhdestvensky, zarpó hacia el Lejano Oriente. Durante su paso por el Mar del Norte, los torpederos japoneses fueron acusados erróneamente de atacar, lo que llevó a la flota rusa a abrir fuego contra barcos de pesca británicos en el Banco de Dogger, matando a siete pescadores. Gran Bretaña, indignada, envió destructores para escoltar a la flota rusa.

Tras cruzar el Canal de Suez y rodear el Cabo de Buena Esperanza, la flota llegó al Océano Índico y luego a la Indochina francesa, donde se reabasteció antes de dirigirse a Vladivostok. Al aproximarse al Estrecho de Tsushima, la flota rusa, compuesta por 8 acorazados, 8 cruceros, 9 destructores y varios buques menores, mostraba una clara inferioridad tecnológica: sus barcos eran viejos y poco maniobrables.

En contraste, la armada japonesa, inspirada en la Royal Navy, contaba con 4 acorazados, 8 cruceros, 21 destructores y 60 torpederos, todos más rápidos y mejor blindados. El vicealmirante Tōgō, con su tripulación altamente motivada y entrenada, aprovechó la superioridad de velocidad.

El 27 de mayo de 1905, mientras la flota rusa cruzaba en línea bajo la bandera del acorazado Suvorov, Tōgō ejecutó una maniobra al estilo de Nelson, cruzando la proa rusa y desatando un fuego devastador. Los cañones japoneses llovieron sobre los barcos rusos, poco protegidos. La batalla se prolongó hasta el anochecer; Rozhdestvensky resultó herido y tres acorazados rusos se hundieron. Los restos de la Flota del Báltico intentaron retirarse, pero los torpederos japoneses, apoyados por minas, acabaron con la mayoría de los buques. Sólo un crucero y dos destructores alcanzaron Vladivostok. Aproximadamente 10 000 marinos rusos murieron o resultaron heridos, mientras que Japón perdió menos de 1 000 hombres y tres torpederos.

Consecuencias y legado

La victoria en Tsushima precipitó el fin de la guerra ruso‑japonesa. En el Tratado de Portsmouth (septiembre de 1905), Rusia aceptó retirarse de Port Arthur y Manchuria. Corea quedó bajo la esfera de influencia japonesa y, aunque Manchuria no se incorporó formalmente al imperio hasta 1931, Japón consolidó su dominio en la región.

El triunfo japonés le otorgó el reconocimiento de ser una potencia igual a las europeas, alimentando una militarización de la política interna que desembocaría en la agresiva expansión de los años 30 y la guerra del Pacífico. La derrota rusa, a su vez, debilitó al gobierno zarista, desencadenando la Revolución de 1905 y sembrando las semillas de la Revolución de 1917.

La guerra demostró el horror de la guerra de trincheras y el alto costo de los enfrentamientos prolongados, aunque los observadores británicos y alemanes erróneamente concluyeron que futuros conflictos se decidirían en los primeros meses. La realidad demostró lo contrario, anticipando la escala y la duración de la Primera Guerra Mundial.


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