En el artículo dedicado a la Vía Real Persa, comentamos que Darío estableció 111 estaciones a lo largo de la ruta que conectaba el Imperio aqueménida, con caballos de relevo y lugares donde los mensajeros reales podían descansar durante la noche.
Los romanos crearon un sistema similar en sus calzadas, con establecimientos tanto para autoridades, magistrados y oficiales del ejército como para comerciantes y viajeros de todo tipo, e incluso locales dedicados al cuidado de los animales. En conjunto, estos lugares son los predecesores de los hoteles, posadas y estaciones de servicio modernas.
Gracias a esta infraestructura, el emperador Tiberio logró realizar los relevo de carruajes necesarios para recorrer 300 millas en 24 horas y visitar a su hermano Nerón Claudio Druso, que estaba a punto de morir de gangrena tras una caída de su caballo.
Posadas (Mansiones)
Una mansio (del latín mansus, derivado de manere “permanecer”) era una parada oficial en una calzada romana, mantenida por el Estado para el uso de funcionarios, magistrados, comerciantes y, en general, de cualquier persona que viajara por asuntos oficiales.
Se considera que surgieron a partir de los castra, los campamentos de descanso de las legiones, que fueron ampliados y transformados hasta convertirse en auténticos pueblos.
Las mansiones estaban situadas cada 44‑60 km, aproximadamente la distancia que un carro tirado por bueyes podía recorrer en un día. Los cisiarii (conductores) alquilaban carruajes a los viajeros, una especie de taxi primitivo, y se encargaban del transporte de cargamentos gubernamentales.
El Itinerario de Burdigala (o Itinerario de Burdeos), el más antiguo itinerario cristiano conocido, redactado entre los años 333‑334 d.C., enumera en orden todas las mansiones desde Burdeos hasta Jerusalén, indicando también las mutationes intermedias y las distancias entre ellas.
Para pasar la noche en una mansio era necesario presentar documentos oficiales o salvoconductos al mansionarius, funcionario encargado de la supervisión y organización diaria del establecimiento.
Las excavaciones arqueológicas revelan que las mansiones contaban con salas y servicios típicos de una posada: recepción, baños, dormitorios, comedor, cocina, herrería, graneros y establos.
Estaciones (Stationes)
A medio camino entre las mansiones se encontraban las stationes, originalmente puestos de control aduanero donde se recaudaban impuestos de circulación y peajes por mercancías importadas.
Con el tiempo, también se convirtieron en refugios para viajeros, ofreciendo descanso y protección contra posibles bandoleros.
Mutaciones (Mutationes)
A distancias menores que las estaciones, se establecían los mutationes, puestos dedicados al relevo de caballos, principalmente para los mensajeros públicos. Funcionaban como las modernas estaciones de servicio.
Los caballos eran provistos a costa del emperador y estaban siempre disponibles para los empleados del Estado. En estos lugares también trabajaban mecánicos, veterinarios y se ofrecían áreas de descanso breve.
Cauponas (Cauponae)
Los viajeros que no podían acceder a una mansio o mutatio recurrían a las cauponas, posadas privadas gestionadas por comerciantes. Carecían del confort y la seguridad de sus equivalentes oficiales, aunque algunas, situadas cerca de termas medicinales, ofrecían lujos para quienes podían pagarlos.
En las cauponas excavadas destaca la abundante decoración de grafitis en sus paredes. Cuando estaban dentro de una ciudad, funcionaban como tabernas que ofrecían alojamiento económico y entretenimiento.
Tabernas
En los primeros tiempos, cuando el tráfico era escaso y aún no existían mansiones ni mutaciones, las casas situadas junto a los caminos estaban obligadas por ley a hospedar a los viajeros.
Muchas de estas casas se convirtieron en tabernae, término latino que originalmente significaba “cobertizo” o “choza” y que se asemejaba más a un albergue que a la taberna moderna.
Con el desarrollo de las vías, algunas tabernas evolucionaron hasta convertirse en mansiones o mutaciones oficiales, mientras que otras mantuvieron su carácter, variando entre lujosas y de mala reputación según su gestión.
Las llamadas Tres Tabernas (Tres Tabernae), situadas a unos 50 km de Roma sobre la Vía Apia, fueron la primera mutatio al salir de la ciudad (o la última antes de entrar). Allí fue recibido el apóstol San Pablo por una comunidad cristiana cuando fue llevado prisionero a Roma, alrededor del año 58 d.C.
Alrededor de Tres Tabernas se formó una villa que, en el siglo IV, se convirtió en sede episcopal. Tras las invasiones bárbaras decayó y fue finalmente destruida alrededor del año 868 d.C.