Contexto histórico
A lo largo de la historia, la relación entre prisioneros de alto rango y sus captores a veces fue estrecha e incluso amistosa. Moctezuma y Atahualpa, por ejemplo, llegaron a ser amigos de algunos españoles; lo mismo ocurrió con Francisco I en Madrid y con la familia de Carlos IV en Bayona y Valençay. Un precedente famoso y, quizás, inspirador es la cautividad de la familia de Darío III a manos de Alejandro Magno, especialmente la de su madre, Sisigambis.
El ascenso de Darío III
Darío III reinó sobre Persia entre 338 y 330 a.C. Heredó el trono de Artajerjes IV (llamado Arsés en griego), un pariente lejano, no su hijo. Arsés fue envenenado por el vizir Bagoas, un eunuco poderoso que ya había asesinado a Artajerjes III. Bagoas depuso a Arsés y puso en el trono a Darío, entonces joven mensajero real, sobrino de Artajerjes II.
El padre de Darío, Ostanes, estaba casado con Sisigambis. Algunas fuentes afirman que Sisigambis era hija de Ostanes (lo que implicaría un matrimonio entre hermanos, práctica no rara en la tradición persa); otras la relacionan con un líder uxio, una confederación de tribus semi‑nómadas del macizo Zagros.
Sisigambis dio a luz a tres hijos: Darío (c. 380 a.C.), Oxeas (cinco años después) y, posiblemente, Statira (fecha desconocida). El mayor resultó tan difícil de controlar como su predecesor, lo que descontentó a Bagoas. Tras varios intentos fallidos de regicidio, Bagoas fue ejecutado y Darío se convirtió en el último monarca de la dinastía aqueménida.
Encuentro con Alejandro Magno
Alejandro, siguiendo la política expansionista de su padre Filipo, había unificado las polis griegas y emprendió la conquista persa para vengar las invasiones de Darío I y Jerjes I. Tras victorias en el Granico, en Cilicia y en la famosa hazaña de desatar el nudo de Gorde, se dirigió contra Darío.
La batalla decisiva tuvo lugar en Issos (actual Turquía) en noviembre de 333 a.C. El ejército greco‑macedonio, de unos 40 000 hombres, se enfrentó a una fuerza persa de cerca de 100 000. Darío comandaba desde una carroza, pero la estrechez del terreno anuló la ventaja numérica. Alejandro ejecutó una carga fulminante en el flanco izquierdo y, tras romper la formación persa, el propio Darío huyó del campo.
Según Diodoro de Sicilia, Darío estuvo a punto de ser capturado por la caballería de Alejandro, pero su hermano Oxeas intervino heroicamente, sacrificándose y quedando preso.
Junto a Oxeas, también fueron capturados Sisigambis, la esposa de Darío (Statira), sus hijas Barsine, Statira y Drípete, y su pequeño hijo Oco, de apenas seis años.
El gesto de Sisigambis
Al finalizar la contienda, Alejandro y su inseparable amigo Hefestión visitaron a los prisioneros. Sisigambis, creyendo que Hefestión era Alejandro, se arrodilló ante él suplicando clemencia para su familia. Cuando la confusión se aclaró, se avergonzó profundamente, pero Alejandro la tranquilizó con la famosa frase: «No te equivocaste, madre; este hombre también es Alejandro».
La madre del rey fue tratada con honores y, lejos de temer a su captor, llegó a admirarlo. Incluso cuando Darío intentó rescatarse en la batalla de Gaugamela (331 a.C.), Sisigambis se negó a abandonar la protección que Alejandro le había brindado.
El destino de la familia real
Tras Gaugamela, Darío intentó refugiarse en Ecbatana y luego en Bactra, donde fue traicionado y asesinado por nobles persas que esperaban detener a Alejandro. Este, conmovido, organizó un funeral estatal y entregó a los asesinos a Oxeas, quien los castigó según la costumbre persa: mutilación y crucifixión.
Oxeas, agradecido, se incorporó a los Heitaroi, la guardia élite de Alejandro. Las hijas de Darío fueron enviadas a Susa para aprender griego; Statira murió poco antes, y Barsine y Drípete contrajeron matrimonio con Alejandro y Hefestión respectivamente.
En el 324 a.C., Alejandro organizó una gran ceremonia de matrimonios entre nobles macedonios y persas para unir ambos pueblos. Sin embargo, el año siguiente cayó enfermo (malaria, fiebre del Nilo o envenenamiento) y murió en Babilonia. Tras su muerte, la familia de Darío quedó atrapada en la lucha sucesoria: Roxana, su esposa, fue asesinada en 315 a.C., al igual que Oco, el último heredero directo persa.
El último adiós de Sisigambis
Cuando se enteró de la muerte de Alejandro, Sisigambis quedó tan desconsolada que dejó de comer y falleció de inanición cuatro días después. Su nombre quedó inmortalizado en un asteroide que lleva su designación.