Introducción
La esclavitud ha acompañado al ser humano desde los albores de la historia, probablemente desde que descubrió la utilidad y la rentabilidad de emplear prisioneros de guerra como mano de obra. Durante la Antigüedad fue considerada algo natural y constituyó la base de la economía. Sólo en la Edad Media la institución entró en crisis, desplazada en importancia –aunque no sustituida– por el servilismo. Ambos sistemas persistieron hasta finales del siglo XIX, a pesar de los movimientos abolicionistas. El primer gran paso hacia la libertad se encuentra en el Liber Paradisus.
El colapso del Imperio romano y sus consecuencias
La llamada crisis del siglo III d.C. marcó el inicio de la desintegración del Imperio romano. Durante unos cincuenta años se vieron afectados todos los ámbitos, desde lo político hasta lo económico. La escasez de recursos obligó a los emperadores a cobrar impuestos en especie y a devaluar la moneda, provocando una fuerte inflación.
Esto empobreció el comercio, debilitó la industria y desencadenó una profunda recesión. Las provincias extranjeras, que antes habían sido una fuente de ingresos, dejaron de ser accesibles por la presión de los pueblos bárbaros, que redujeron las fronteras del Imperio. Las grandes latifundias pasaron a producir de forma autosuficiente, limitándose a intercambios locales. Muchos ciudadanos libres cayeron en la pobreza y se vieron obligados a emigrar al campo, donde, al no poseer tierras, se incorporaron al servicio de los terratenientes.
Los arrendamientos de parcelas, heredados y sin posibilidad de abandono, dieron origen al colonato, una etapa intermedia entre la esclavitud y el feudalismo que se impondría más tarde. En aquel momento la esclavitud quedó circunscrita principalmente a la minería.
Del colonato al feudalismo
El feudalismo, base de la sociedad medieval, introdujo una nueva clase: los siervos. Su origen se remonta a un edicto de Constantino de 322, que reguló su condición, imponiendo una sumisión casi total al señor feudal, pero garantizando ciertos derechos, como la prohibición de desalojo y la estabilidad de sus condiciones de trabajo.
A diferencia de los colonatos, los siervos tenían la condición jurídica de hombres libres, aunque esa libertad estaba muy limitada y dependía del señor al que servían, ya fuera un noble laico o una orden religiosa.
Con el tiempo, el servilismo desapareció en la mayor parte de Europa, aunque persistió en Rusia y algunos países de Europa del Este hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo, en la Italia del siglo XIII, una inesperada victoria militar llevó a Bolonia a promulgar una legislación sin precedentes.
El contexto bélico: guelfos vs. gibelinos
La rivalidad entre guelfos (partidarios del Papa) y gibelinos (partidarios del emperador Federico Barbarroja) marcó la política de las ciudades italianas desde 1154. En 1249 la batalla de Fossalta, en la pequeña localidad de Fossalta del Panaro, enfrentó a la guelfa Bolonia y la Liga Lombarda contra los gibelinos Cremona y Modena.
El ejército lombardo, bajo el mando del marqués de Ferrara, avanzó hacia Modena. Los habitantes de esa ciudad solicitaron ayuda a Cremona, donde el virrey imperial Enzio de Cerdeña reunió a quince mil hombres. Tras varios días de estancamiento, el 26 de mayo, el general guelfo Filippo Ugoni recibió refuerzos de dos mil soldados y lanzó un ataque al amanecer.
La carga rompió las líneas imperiales; Enzio cayó de su caballo y la marcha se convirtió en una caótica retirada. Cuatrocientos caballeros fueron hechos prisioneros y desfilados por las calles de Bolonia, entre ellos el propio hijo del emperador, que nunca recuperó su libertad.
El vacío de poder y la decisión de liberar a los siervos
La derrota de los señores locales dejó un vacío de poder que devolvió a las instituciones comunales la autoridad sobre las ciudades, que hasta entonces habían estado sometidas a la voluntad de la nobleza feudal. Los podestás y capitães del popolo recuperaron el control político.
En agosto, tres meses después de la batalla, el podestá Bonaccorso da Soresina convocó a los ciudadanos en la Piazza Maggiore. Ante la asombrosa multitud, anunció la liberación de aproximadamente seis mil siervos que pertenecían a los cuatrocientos señores ausentes.
El propio commune asumió el coste, pagando diez liras de plata por cada adulto y ocho por cada niño. En total se liberaron 5.855 siervos, con un desembolso de 50.014 liras. La operación, bautizada como Paradisum voluptatis, hacía referencia a la frase bíblica que describe el paraíso como “el don de la libertad perfecta y perpetua”.
El Liber Paradisus
El jurista y notario Rolandino de Passaggeri, líder de los guelfos bologneses, pronunció un emotivo discurso explicando la iniciativa. Junto a él, tres notarios redactaron el documento que recogía los nombres y datos de todos los liberados. Ese texto, conocido como Liber Paradisus, se conserva en el Archivo de Estado de Bolonia, sección de Imola (Piazza Celestini 4), y dio nombre a la plaza donde se proclamó la masiva redención.
Sin embargo, la medida no fue puramente altruista. Por un lado, los trabajadores libres resultaban más productivos; por otro, la exención fiscal que gozaban los libertos había sido abolida, obligándolos a pagar impuestos y a permanecer dentro del territorio del Commune.
Algunos de los liberados fundaron nuevas poblaciones, como Castelfranco Emilia, cuyo nombre alude a su origen “castillo libre”. Estos pioneros, sin saberlo, sentaron las bases de futuras comunidades.
Fuentes
History of Rome (Sergei Ivanovich Kovalyov); The transition from slavery to feudalism (VVAA); The towns of Italy in the later Middle Ages (Trevor Dean); A companion to medieval and renaissance Bologna (VVAA); Wikipedia.