Contexto histórico
En el siglo XI el Imperio Bizantino enfrentaba amenazas en varios frentes: al norte y oeste por Bulgaria y al sur por el Califato Fatimí. La rivalidad entre ambos poderes se remontaba a siglos antes, cuando el caudillo proto‑búlgaro Asparukh se estableció más allá del Danubio tras la presión musulmana sobre Constantinopla.

La expansión búlgara y la intervención bizantina
Tras la caída del Imperio de los Búlgaros bajo el rey Simeón I, el príncipe eslavo Sviatoslav I de Kiev, aliado de Niceforo II, atacó Bulgaria y tomó parte del territorio. Los bizantinos, maestros de la intriga, manipularon a los kievanos para que se volvieran contra su propio señor, lo que les permitió recuperar gran parte de la zona y capturar al rey Boris II en 971.
El ascenso de Basilio II y el conflicto con el zar Samuel
Cuando Basilio II accedió al trono en 976, el nuevo zar búlgaro Samuel había consolidado un reino que amenazaba seriamente a Constantinopla. Tras derrotas bizantinas como la de Trajano (986), Samuel avanzó hasta Grecia, pero fue detenido en la batalla de Spercheios (996) y sufrió una serie de reveses que le obligaron a retroceder.
La batalla de Kleidion (1014)
Decidido a acabar con la amenaza búlgara, Samuel fortificó el paso del río Struma cerca del pueblo de Kleidion (actual Klyuch). Reunió alrededor de 45 000 hombres y enfrentó al ejército bizantino dirigido por el general Niceforo Xifias. Tras una maniobra de flanqueo que tomó a los búlgaros por sorpresa, los bizantinos lograron romper las defensas y capturaron a gran parte del ejército enemigo.

La crueldad de Basilio II
Según las crónicas de la época, unos 15 000 prisioneros fueron llevados ante Basilio II. Enfurecido, ordenó que se formaran grupos de cien hombres; a cada grupo ciegó a noventa‑y‑nueve, dejando vivo solo a uno con un ojo para que guiara a los demás. Este acto brutal le valió el apodo de Boulgaroktonos (“asesino de búlgaros”).
Consecuencias
El impacto de la masacre fue decisivo: el propio Samuel murió poco después, y su sucesor Gabriel Radomir fue asesinado en 1015. En 1018 Iván Vladislav, último zar búlgaro, cayó en la batalla de Dyrrachium y Bulgaria quedó incorporada como provincia del Imperio Bizantino. La hegemonía bizantina, sin embargo, duraría poco; en 1185 los búlgaros recobraron su independencia, aunque más tarde fueron conquistados por los otomanos.
