Contexto y sucesión de Mahoma
En el verano del año 632 falleció Mahoma, quizá envenenado o víctima de una enfermedad grave. Los líderes musulmanes eligieron como califa a Abu Bakr, suegro de Mahoma, pero su mandato se vio amenazado por varios individuos que, tras la muerte del Profeta, se autoproclamaron profetas y rechazaron la autoridad del nuevo líder.
Primeras rebeliones
Al mismo tiempo que Abu Bakr consolidaba su poder, surgieron revueltas en la región del Hejaz y en Néjed, donde tribus se negaban a reconocer al califa o a pagar la zakat. Los primeros enfrentamientos se resolvieron rápidamente, pero fueron solo el preludio de un conflicto mayor.
El general Usama ibn Zaid dirigió campañas contra tribus en Tabuk, Ghassanid y Banu Kalb, mientras que los rebeldes Banu Ghatafan, Hawazin y Tayy acorralaban a Medina. Abu Bakr movilizó a los Banu Hashim y a los compañeros Ali, Talhah y Zubair, lanzando un contraataque que obligó a los asediadores a retirarse.
Los profetas rebeldes
Entre los líderes que se declararon profetas destacan:
- Tulayha, de la tribu Banu Asad, que fue derrotado en Medina y más tarde en Abraq, huyendo a Siria antes de convertirse al Islam.
- Al‑Aswad Al‑Ansi, líder yemení que se cubría la cara con un velo y fue muerto por el persa musulmán Fayruz al‑Daylami.
- Musaylima, llamado al‑Kaḏḏāb (el mentiroso), provenía de la tribu Banu Haifa. Aunque adoptó prácticas islámicas, pretendía compartir el poder con Mahoma y fue el principal enemigo de Abu Bakr.
- Sajah, una profetisa cristiana de la tribu Banu Tamim, que reunió a unos 4.000 seguidores antes de aliarse con Musaylima y, finalmente, aceptar el Islam.
La campaña de Abu Bakr y la figura de Khalid ibn al‑Walid
Abu Bakr dividió su ejército en once cuerpos. El más fuerte quedó al mando de Khalid ibn al‑Walid, apodado “Sayf Allah al‑Maslūl” (la espada de Dios). Khalid derrotó a Tulayha, y luego se dirigió contra Musaylima en Al‑Yamama.
En la batalla de Al‑Yamama, los musulmanes, reforzados por ansar y muhajirun, enfrentaron a un ejército rebelde cuatro veces mayor. Tras horas de combate, la victoria musulmana quedó sellada cuando Wahshi ibn Harb, con una jabalina, mató a Musaylima. El campo quedó conocido como “Shueib‑ud‑Dam” (Ravina de Sangre). Setenta huffaz (memorizadores del Corán) murieron, lo que obligó a Abu Bakr a recopilar los textos para crear una copia única.
Conclusión de las Guerras de Ridda
Las revueltas restantes fueron sofocadas, la última en Hadhramaut bajo Al‑Ash'ath ibn Qays en 633, quien fue perdonado tras mostrarse arrepentido. Con la unidad del califato Rashidun restablecida, Abu Bakr se enfocó en la expansión hacia Persia y la provincia bizantina de Siria.