Contexto histórico
El 2 de octubre de 1187 Saladino conquistó Jerusalén tras un asedio de dos semanas, desencadenando la Tercera Cruzada. Aunque la ciudad quedó bajo dominio musulmán, volvió a los cristianos entre 1229 y 1239 gracias a un acuerdo firmado por Al‑Kamil, sobrino de Saladino, y el emperador Federico II Hohenstaufen.
Al‑Kamil y la Quinta Cruzada
Tras la muerte de su padre Al‑Adil, Al‑Kamil heredó el sultanato de Egipto y Siria. Su principal objetivo era evitar nuevas cruzadas que amenazaran la recuperación económica. Sin embargo, el Papa Inocencio III lanzó la Quinta Cruzada y, en 1218, una coalición de húngaros, austríacos y escandinavos sitió Damieta, una ciudad egipcia que Al‑Kamil debía defender.
La defensa fue complicada: una conspiración interna liderada por el emir Imad ad‑Din intentó derrocar a Al‑Kamil, obligándolo a huir temporalmente a Yemen. Aun así, los cruzados no lograron romper el asedio y la ciudad cayó.
Encuentro con San Francisco de Asís
Durante la fase final de la Quinta Cruzada, el fraile franciscano San Francisco de Asís viajó a Tierra Santa para mediar entre cristianos y musulmanes. Fue recibido cordialmente en el campamento de Al‑Kamil, donde permaneció cuatro días y recibió un permiso para predicar. La tradición relata que intentó convertir al sultán y, según una leyenda, caminó sobre brasas ante los clérigos musulmanes.
La Sexta Cruzada y la cesión de Jerusalén
En 1227 el emperador Federico II, excomulgado por el Papa Gregorio IX, decidió emprender la Sexta Cruzada sin autorización papal. Aprovechó la rivalidad entre Al‑Kamil y su hermano Al‑Muazzam para negociar la entrega de Jerusalén. El tratado, firmado en 1229, cedió la ciudad (exceptuando la Cúpula de la Roca y la Mezquita Al‑Áqsa) y un corredor costero que incluía Belén, Nazaret, Sidón y Jaffa.
Federico se coronó rey de Jerusalén en nombre de su hijo Conrad IV, mientras que Al‑Kamil garantizó la protección de los musulmanes, la continuidad de su administración y la reconstrucción de las murallas.
Consecuencias y legado
El acuerdo duró apenas una década; la muerte de Federico II y los conflictos internos entre los ayubíes y los mamelucos provocaron el fin de la paz. En 1244 los mamelucos khezmítas reconquistaron Jerusalén, que permanecería bajo dominio musulmán hasta 1917.
Al‑Kamil es recordado no solo por su habilidad militar, sino también por su diplomacia y por el insólito encuentro con San Francisco, que simboliza un breve momento de tolerancia en una era de constantes enfrentamientos.