Los Lipizzanes, un tesoro ecuestre
El caballo lipizzano es una de las razas más apreciadas del mundo. Originario de la región de Lipizza, en Eslovenia, surgió de la cruza de un caballo autóctono con sangre española, árabe, napolitana y kladruber. A partir del siglo XVI, bajo el impulso del archiduque Carlos II de Austria, la raza adquirió la elegancia y la fuerza que la caracterizan hoy.
Los lipizzanes son la base de la famosa Escuela de Equitación Española de Viena y, en 2007, el gobierno esloveno los eligió como imagen de la nueva moneda de 20 céntimos.

Patton, jinete y oficial de caballería
George S. Patton, conocido por sus brillantes campañas en la Segunda Guerra Mundial, también tenía una vida ecuestre destacada. Fue oficial de caballería y compitió en los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 en pentatlón moderno, que incluye salto ecuestre. Además, participó con el 13.º de Caballería en la persecución de Pancho Villa, donde mató al capitán Julio Cárdenas.
El peligro en Viena, primavera de 1945
En los últimos meses de la guerra, Viena sufría intensos bombardeos y escasez de alimentos. El director de la Escuela Española, el coronel Alois Podjahsky, trasladó a unos 200 caballos lipizzanes en tren a St. Martins para protegerlos. Sin embargo, a finales de abril el avance de la Ejército Rojo puso en riesgo la zona de Hostau, donde los animales estaban albergados.
Podjahsky temía que los soviéticos los sacrificaran por su carne y, recordando su vínculo con Patton desde los Juegos Olímpicos, le solicitó ayuda. Patton aceptó el riesgo de cooperar con el enemigo y envió al comandante Charles H. Reed para dirigir la llamada Operación Cowboy.

Operación Cowboy: el rescate
Los caballos habían sido trasladados por los alemanes a la localidad checa de Hostau, donde, curiosamente, prisioneros aliados los cuidaban en los establos. Patton negoció con el mando alemán la entrega de los equinos a cambio de inmunidad. El 28 de abril, Hostau se rindió y los caballos fueron entregados al Tercer Ejército estadounidense en una rápida incursión al estilo “pattoniano”.
Dos días después, la Waffen‑SS intentó un contraataque, pero la capitulación de Berlín una semana después puso fin al conflicto.

El legado del rescate
En Hostau había cerca de cuatrocientos lipizzanes, y junto a otras razas el total superó los mil animales. Cuando Checoslovaquia quedó bajo la esfera soviética, Moscú reclamó la propiedad de los caballos. Patton envió nuevamente a su equipo, organizando una evacuación única que los trasladó a Wimsbach, cerca de la frontera oeste‑alemana.
En 1955, el coronel Podjahsky, el único oficial austríaco que mantuvo su rango después de la guerra, vio regresar a los lipizzanes a Viena. Sólo once volvieron a Lipizza, que entonces formaba parte de la extinta Yugoslavia, de los trescientos que habían sido salvados. Hoy la población mundial supera los seis mil ejemplares, distribuidos por todo el planeta.