Historia antigua

Barcazas de hormigón en el Támesis, testigos del desembarco de Normandía

Un mito de piedra y una realidad naval

Una de las muchas leyendas que narran la llegada del apóstol Santiago a la península ibérica afirma que cruzó los Pilares de Hércules en barco y llegó a la costa de la Galia, o que fueron siete discípulos los que transportaron su cuerpo. Lo sorprendente es que, según la tradición, el viaje se realizó en una barca de piedra. Aunque suene absurdo, la historia nos lleva a una técnica real: la construcción de embarcaciones de hormón‑concreto.

Barcazas de hormigón en el Támesis

Si recorres el río Támesis, en la zona conocida como Sección 24 del London LOOP, entre Rainham y Purfleet, encontrarás un rincón insólito: sobre la arena gris y húmeda reposan dieciséis grandes barcazas cubiertas de lodo y óxido. El aparcamiento cercano lleva el nombre de The Stone Barges (las barcazas de piedra), aunque no son esculturas ni reliquias sagradas, sino restos de la Segunda Guerra Mundial.

Barcazas de hormigón en el Támesis, testigos del desembarco de Normandía

Construcción en concreto durante la guerra

Las dieciséis embarcaciones fueron fabricadas para los desembarcos de Normandía. Forman parte de una serie de decenas de barcazas hechas de hormigón armado, material poco frecuente en la construcción naval. A pesar de su peso, el hormigón es suficientemente ligero para flotar.

El uso del hormigón en buques se remonta a 1848, cuando el francés Joseph‑Louis Lambot construyó la primera barcaza de este material. En el siglo XIX se extendió a Italia gracias al ingeniero Carlo Gabellini y, aunque más barato, su construcción resultaba más compleja que la de los barcos de acero.

Tras la Primera Guerra Mundial la técnica cayó en desuso, pero la escasez de acero en 1942 la hizo reaparecer. En EE. UU. se construyeron 24 barcazas sin motor para ser remolcadas, e incluso se proyectó un submarino de hormigón que nunca se realizó.

Barcazas de hormigón en el Támesis, testigos del desembarco de Normandía

El papel de las barcazas en el Día D

Como el acero se reservaba para buques de combate, se optó por barcazas de hormigón con estructura de hierro para transportar combustible, municiones y, posteriormente, tropas, refugios de playa y comedores móviles. Algunas sirvieron como pontones del puerto artificial de Mulberry, apodados “cucharas” (en inglés “corncobs”).

Los puertos Mulberry, denominados así por su forma similar a una mora, fueron instalados en las costas francesas para facilitar el desembarque. El Mulberry B de Arromanches, de origen británico, aún conserva restos visibles.

Barcazas de hormigón en el Támesis, testigos del desembarco de Normandía

Destino y legado de las barcazas

Tras la guerra, muchas de estas barcazas fueron hundidas en el Canal de la Mancha o reutilizadas como refrigeradores en el Pacífico. Algunas sobrevivieron y fueron reutilizadas en puentes o como viviendas flotantes en Holanda, California y otras regiones.

Las dieciséis del Támesis fueron trasladadas en 1953 a la ribera inglesa para servir como barreras contra inundaciones. Con el tiempo, también se convirtieron en refugios para aves acuáticas.