Historia antigua

María Oktyabrskaya, la mujer soviética que pagó un tanque y lo condujo para vengar a su marido

Una heroína singular de la Gran Guerra Patria

Durante la Segunda Guerra Mundial la mayoría de las mujeres soviéticas sirvieron en la retaguardia, trabajando en la industria bélica o desempeñando funciones auxiliares. Sin embargo, la historia de María Oktyabrskaya destaca porque no sólo condujo un tanque, sino que también financió su fabricación con su propio dinero para vengar la muerte de su esposo.

Orígenes y vida temprana

María Vasilievna Garagulia nació en 1905 en Kiyat, una aldea de la gobernación de Taurida, en Crimea. De origen ucraniano, era una de diez hermanos de una familia de kulaks, clase alta del campesinado. Tras la colectivización de 1930, su familia fue deportada al este de los Urales, a la localidad de Bayanovka, en la óblast de Sverdlovsk.

En 1925 contrajo matrimonio con Ilya Fedotovich Ryadnenko, oficial de caballería. La pareja adoptó el apellido Oktyabrskaya, en alusión a la Revolución de Octubre. María trabajó como operadora en una fábrica de conservas y como telefonista, y acompañó a su marido en sus traslados por Crimea, aprendiendo a conducir, a prestar primeros auxilios y a manejar armas.

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La guerra y la pérdida del esposo

En verano de 1940 Ilya fue nombrado comisario del 134.º Regimiento de Obuses y destinado a Chisináu, tras la ocupación soviética de Besarabia. Cuando en junio de 1941 comenzó la Operación Barbarroja, la pareja fue evacuada a Tomsk, Siberia. Allí María continuó trabajando como telefonista.

En agosto de 1941, Ilya, entonces en la 206.º División de Infantería, murió bajo el fuego de una ametralladora cerca de Kiev. Tras recibir la noticia, María intentó alistarse, pero fue rechazada por su edad (38 años) y por una enfermedad pulmonar (tuberculosis).

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Financiar un tanque T‑34

Decidida a vengar a su marido, María y su hermana vendieron todas sus pertenencias y trabajaron como bordadoras para reunir 50 000 rublos, una suma enorme cuando el salario medio era de apenas 200 rublos. Con ese dinero compró un tanque T‑34, el nuevo modelo medio que había sustituido al T‑26.

Envió un telegrama a Stalin solicitando permiso para conducir el tanque y matar a los "perros fascistas". Stalin aprobó su petición y, en la primavera de 1943, María ingresó en la Academia de Ómnibus de Omsk, donde recibió cinco meses de entrenamiento como conductora y mecánica de tanques. Fue la primera mujer soviética en graduarse de ese programa, poco antes que la famosa Aleksandra Samusenko.

En el frente

En octubre de 1943, María fue asignada al 2.º Batallón del 26.º Regimiento del 2.º Cuerpo de Tanques de la Guardia, conocido como el "Tatsinsky". Su tripulación estaba compuesta por el comandante Piotr Chebotko, el artillero Guennadi Yasko y el operador de radio Mijaíl Galkin. El tanque recibió el apodo de Compañera de Lucha.

Participó en varias acciones en el Frente Occidental (el Frente Oriental para los alemanes). El 21 de octubre destruyó posiciones de ametralladoras y artillería enemiga; durante la operación salió del tanque para reparar un daño, desobedeciendo órdenes, y fue ascendida a sargento. Un mes después, en la zona de Nóvoye Seló (Óblast de Vitebsk, Bielorrusia), el Compañera de Lucha rompió las líneas alemanas.

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Herida mortal

En una ofensiva cerca de Shved, Vitebsk, el tanque fue alcanzado por un proyectil antitanque que dañó una rueda y causó una explosión. María descendió para repararla y una esquirla le impactó en la cabeza, hiriéndole gravemente un ojo y penetrando el cerebro. Fue evacuada al hospital de campaña nº 478 y, posteriormente, trasladada en avión a Fastiv, cerca de Kiev.

Tras dos meses en coma, María falleció el 15 de marzo de 1944 en Smolensk mientras era trasladada a Moscú. Fue enterrada en el cementerio de los Héroes de la Memoria.

Reconocimientos y legado

Post mortem recibió la Orden de la Gran Guerra Patriótica de Primer Grado, el título de Heroína de la Unión Soviética y la Orden de Lenin. El nombre Compañera de Lucha siguió utilizándose en tanques soviéticos y, al final de la guerra, el Regimiento de Tanques de la Guardia adoptó la tradición de nombrar una de sus unidades con ese mote, rindiendo homenaje a su valentía.