Historia antigua

El enigma de los cubos de uranio del proyecto atómico nazi

Un regalo inesperado

En el verano de 2013 el profesor Timothy Koeth, de la Universidad de Maryland, recibió un curioso regalo de cumpleaños: un paquete con un cubo negro de unos cinco centímetros de lado y peso aproximado de dos kilos. La nota que lo acompañaba decía de forma críptica: «Tomado del reactor que Hitler intentó construir. Regalo de Nininger». El cubo estaba hecho de uranio y resultó ser uno de los cientos fabricados para el proyecto nuclear nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Los orígenes del proyecto nuclear alemán

En 1938 Otto Hahn y Fritz Strassmann lograron la primera fisión nuclear al bombardear uranio con neutrones, hallazgo confirmado poco después por Otto Robert Frisch. El descubrimiento desencadenó la creación de la Arbeitsgemeinschaft für Kernphysik, conocida popularmente como Uranprojekt. El objetivo principal era construir un reactor que, según los cálculos alemanes, tardaría al menos cinco años en funcionar, tiempo que la guerra no permitiría.

El enigma de los cubos de uranio del proyecto atómico nazi

El experimento B‑VIII y los cubos de uranio

Con la invasión aliada, el programa se trasladó de Berlín a Haigerloch, donde en el castillo que hoy alberga el Museo Atomkeller se realizó el experimento B‑VIII. Heisenberg describió en su libro Nuclear Physics (1953) que el montaje constaba de 664 cubos de uranio de aproximadamente dos kilos cada uno, sumergidos en agua pesada y rodeados de grafito. El reactor nunca llegó a operar porque faltaba alrededor de un 50 % de uranio y de agua pesada.

El enigma de los cubos de uranio del proyecto atómico nazi

El destino de los cubos tras la derrota alemana

Al acercarse el final de la guerra, la operación ALSOS, dirigida por el general Leslie Groves, capturó documentos, agua pesada y los cubos enterrados en los campos de Haigerloch. Los materiales fueron enviados a París y luego a EE. UU. bajo el control del Combined Development Trust (CDT). La mayoría de los cubos fueron destinados al Oak Ridge National Laboratory, aunque muchos nunca llegaron y desaparecieron.

El enigma de los cubos de uranio del proyecto atómico nazi

La investigación de Timothy Koeth

Koeth verificó la autenticidad del cubo mediante su peso, dimensiones y la presencia de marcas de fundición. Un análisis con espectrómetro gamma confirmó que era uranio natural, sin productos de fisión, lo que indica que nunca participó en un reactor activo. La pista de su origen lo llevó a la Operación ALSOS y a un archivo nacional etiquetado como German Uranium, donde descubrió que además de los cubos de Haigerloch existían unos 400 adicionales en Gottow.

El mercado negro y el legado

Tras la guerra, una red de contrabandistas intentó vender los cubos en Europa del Este y, en algunos casos, a países occidentales, pero el precio del uranio en EE. UU. era tan bajo (≈12 USD/kg) que la oferta fracasó. En 1952 dos alemanes fueron condenados a cadena perpetua por poseer uno de estos cubos. La mayoría terminó en la URSS, donde el rastro se pierde, aunque recientemente se halló un boceto de bomba atómica alemana en archivos soviéticos.

¿Cómo llegó el cubo a Maryland?

Koeth encontró, en una librería, el libro Minerals for Atomic Energy (1954) de Robert D. Nininger, cuyo apellido coincidía con la firma de la nota. Nininger había trabajado en la sección de adquisición de uranio del Manhattan Project y recibió los cubos enviados desde Europa. Su viuda conservó el cubo durante décadas antes de entregarlo a la Universidad de Maryland.

Existen al menos diez cubos similares en colecciones públicas y privadas de EE. UU., como el Smithsonian y la Universidad de Harvard. El propio Werner Heisenberg fue capturado al final de la guerra; al escuchar la explosión de Hiroshima calculó la “masa crítica” del uranio, demostrando que el proyecto alemán estaba mucho más cerca de la bomba de lo que la historia suele reconocer.