Introducción
Hace poco hablamos de las Brujas de la Noche, el regimiento femenino de aviadoras soviético en la Segunda Guerra Mundial. Ahora nos centraremos en una unidad similar de los Estados Unidos: las WASP (Women Airforce Service Pilots), cuyas actividades fueron civiles y cuyo reconocimiento tardó décadas en llegar.
Reconocimiento oficial
En el verano de 2009 el presidente Barack Obama entregó la Medalla de Oro del Congreso a tres veteranas de las WASP, representando a más de trescientos sobrevivientes. El año siguiente, en el Capitolio, la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi les concedió la medalla, culminando una lucha iniciada en 1972 para que fueran consideradas veteranas de guerra.
Durante años se debatió su estatus: aunque seguían una disciplina militar y realizaban misiones secretas, se les consideraba personal civil. Solo en 1977 el presidente Jimmy Carter les otorgó el certificado de baja honorable y la Medalla de la Campaña Americana.
El derecho a ser enterradas en el cementerio de Arlington se concedió en 2002; en 2015 se aprobó que sus cenizas pudieran ser inhumadas allí, aunque no sus restos óseos.

Orígenes del proyecto
En septiembre de 1940 Eleanor Roosevelt recibió una propuesta de Jacqueline Cochran para reclutar mujeres estadounidenses que pilotaran aviones de transporte para los británicos. En aquel momento EE. UU. aún era neutral, pero la organización Wings for Britain enviaba aviones a Gran Bretaña.
Cochran, nacida en Pensacola en 1903, había superado una vida personal difícil y se había convertido en piloto, estableciendo récords de velocidad, distancia y altitud. Fue la primera mujer en cruzar el Atlántico a bordo de un Lockheed Hudson V para Wings for Britain y luego se incorporó a la ATA (Air Transport Auxiliary) junto a otras veinticinco mujeres.

Creación de la unidad femenina
Paralelamente, Nancy Harkness Love, piloto desde los 16 años, ofreció en mayo de 1940 los servicios de cincuenta mujeres para trasladar aviones de fábricas a bases. La idea fue rechazada, pero en el verano de 1942, con EE. UU. ya en guerra, se fundó el WAAC (Women’s Army Corps) y, con el apoyo de Eleanor Roosevelt, se abrió la puerta a las mujeres piloto.
Se establecieron requisitos estrictos: edad entre 21 y 35 años, diploma de secundaria, licencia comercial y al menos 500 horas de vuelo en aviones de más de 200 CV. El programa comenzó con 28 pilotos y se amplió hasta formar cuatro escuadrones.

WAFS y WFTD: los primeros pasos
En 1942 nació la WAFS (Women Airforce Service Pilots). Los contratos eran de 90 días con un salario de 250 USD mensuales. La base estaba en New Castle, Delaware, donde las mujeres tenían que pagar su alojamiento y uniforme.
Un mes después, Jackie Cochran regresó de Inglaterra y propuso un programa de entrenamiento femenino, que dio origen al WFTD (Women’s Flying Training Detachment) con base en el Aeropuerto Municipal de Houston, Texas. Las primeras alumnas, apodadas “Guinea Pigs”, entrenaban con aviones obsoletos y no recibían uniformes ni alojamiento.

Unión y expansión del programa
En marzo de 1943 la WAFS y el WFTD se fusionaron bajo el mando de Cochran, formando la WASP. Nancy Harkness Love se encargó de las operaciones de transporte. Los requisitos se ajustaron: 35 horas de vuelo y una altura mínima de 1,60 m.
De los 25 000 solicitantes, solo 1 830 fueron aceptadas; 1 074 completaron el entrenamiento. La mayoría provenía de clases acomodadas, lo que resultó en una composición mayoritariamente blanca y anglosajona, aunque hubo dos pilotos hispanas, dos chinas y una de ascendencia Lakota.

Desafíos y discriminación
Las afro‑americanas fueron rechazadas, aunque Mildred Hemmons Carter, la primera piloto negra de Alabama, logró completar el curso; sin embargo, fue excluida tanto del programa como de los Tuskegee Airmen. No recibió reconocimiento oficial hasta el siglo XXI.
Las WASP enfrentaron limitaciones de recursos: 23 tipos diferentes de aviones, asistencia médica básica, falta de instructores y ausencia de seguro de vida. El plan de estudios incluía 560 horas teóricas y 210 horas de vuelo, idénticas a las de los hombres, salvo la ausencia de entrenamiento de artillería.
El emblema de la unidad
El escudo oficial presentaba a Fifinella, la criatura creada por Roald Dahl para “The Gremlins”, adaptada por Walt Disney. Muchas pilotos la pintaban en los fuselajes de sus aviones, a veces sobre una bomba.

Operaciones y contribuciones
Las 1 074 graduadas fueron distribuidas en 122 bases aéreas. Su principal tarea fue trasladar 12 652 aviones —cerca de la mitad de la producción total— desde las fábricas hasta los hangares entre septiembre 1942 y diciembre 1944, liberando a casi mil pilotos masculinos para el frente.
También remolcaban blancos para el entrenamiento de artillería antiaérea y de vuelo; la tarea era peligrosa y se realizaba bajo estricta condición de voluntariado.
Víctimas y falta de honores
Durante el servicio murieron 38 mujeres: 27 en misiones y 11 en entrenamiento. Al ser civiles, sus fallecimientos no fueron honrados como los de sus compañeros masculinos. Intentos de militarizar el programa en 1943 y 1944 fracasaron ante la oposición de pilotos y de la sociedad.

Los últimos meses del programa
En 1944 las WASP comenzaron a probar aviones avanzados como el B‑29 y el jet Bell P‑59. Con la victoria prácticamente asegurada, el programa se consideró innecesario y costoso (inversión de 50 millones USD). En diciembre se ordenó su cancelación.
La última promoción, de 71 pilotos, había terminado dos semanas antes; veinte ofrecieron continuar por un salario simbólico de un dólar al año, pero la propuesta fue rechazada y las mujeres fueron enviadas a sus hogares.

Legado y reconocimiento posterior
Algunas ex‑pilotas fundaron la Order of Fifinella para ayudar a sus compañeras a encontrar empleo, ya que la industria aérea las rechazaba. Un pequeño grupo incluso ofreció sus servicios a la Fuerza Aérea de la República de China.
Jackie Cochran siguió su carrera y se convirtió en la primera mujer en romper la barrera del sonido (junto a Chuck Yeager) y la primera en cruzar el Atlántico a bordo de un jet.
El objetivo final de las pioneras era que sus servicios fueran oficialmente reconocidos. Tras décadas de lucha, finalmente se les concedió el estatus de veteranas y el reconocimiento que merecían.