Alimentación en la prehistoria y su evolución
Por Tales Pinro

Durante millones de años, diversas especies del género Homo fueron evolucionando hasta la aparición del Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos los humanos modernos.
Muchos investigadores sostienen que la incorporación de una dieta rica en proteína animal jugó un papel clave en nuestra evolución. Este proceso se extendió durante un largo periodo, dando lugar a una serie de habilidades para obtener y procesar carne.
En el Paleolítico, una etapa que abarcó aproximadamente dos millones de años hasta hace unos 10 000 años, los humanos combinaban la recolección de frutos, raíces y otras plantas con la caza, la pesca, la recolección de mariscos y el aprovechamiento de cadáveres dejados por otros carnívoros.
Etapa 1: Corte de carne con herramientas de piedra
Según el paleoantropólogo Henry Bunn (Universidad de Wisconsin‑Madison), los primeros homínidos empezaron a cortar carne de los huesos usando herramientas rudimentarias de piedra o fragmentos de piedra. Este periodo se sitúa entre 2,6 y 2,5 millones de años atrás y muestra una capacidad limitada para obtener proteína animal.
Etapa 2: Manipulación y consumo del hueso y la médula
Posteriormente, entre 2,3 y 1,9 millones de años atrás, los homínidos desarrollaron técnicas más avanzadas: rompían huesos para extraer la médula y transportaban los cadáveres a otros lugares. En esta fase ya no solo se apropiaban de restos dejados por depredadores, sino que también cazaban sus propias presas.
Etapa 3: Caza activa y consumo de cadáveres completos
El último paso, datado entre 1,8 y 1,6 millones de años atrás, se caracteriza por la obtención de cadáveres íntegros, ya sea mediante la caza directa o mediante la apropiación de presas de otros carnívoros. Esta etapa evidencia una práctica rutinaria de caza y una mayor competencia con otros depredadores.
El paleontólogo Lars Werdelin sugiere que la expansión de los homínidos como consumidores de carne redujo la cantidad de especies carnívoras en el este de África, contribuyendo, junto con los cambios climáticos, a una transformación profunda del ecosistema de la región.