Contexto de la campaña
Mientras Roma discutía sus planes, la ciudad de Sagunto ya estaba bajo un asalto feroz.
La ciudad de Sagunto
Situada a una milla del mar, era la más poderosa de las ciudades más allá del Hebre. Fundada como colonia de la isla de Zante y con influencia de los rutules de Ardea, su prosperidad creció gracias a la riqueza del mar y la tierra, al aumento demográfico y a la austeridad de sus principios, que mantuvieron la lealtad a sus aliados hasta el último momento.
El asedio de Aníbal
Aníbal, al frente de un ejército amenazante que había arrasado el campo circundante, intentó tomar la ciudad atacándola simultáneamente por tres frentes. Un ángulo del muro dominaba un valle más llano y abierto que el terreno alrededor, por lo que los cartagineses planearon excavar galerías para colocar arietes y derribar la muralla.
Al principio el terreno facilitó el movimiento de los mantos, pero pronto surgieron dificultades casi insuperables. Una inmensa torre dominaba los trabajos; la zona era sospechosa por su debilidad y las murallas allí eran más altas y robustas que en el resto. Además, la élite guerrera de Sagunto, en una posición de honor y peligro, ofreció una resistencia feroz.
Defensa saguntina
Los defensores lanzaban una lluvia de dardos que empujaba al enemigo sin darles respiro. No se limitaban a arrojar jabalinas desde lo alto de los muros y la torre; se lanzaban al combate, atacando las obras y los puestos cartagineses. En esos enfrentamientos perecieron casi tantos cartagineses como saguntinos.
Herida de Aníbal
En un momento de imprudencia, Aníbal avanzó hasta los pies del muro sin la debida precaución y recibió un golpe grave en el muslo que lo derribó. El impacto provocó terror y confusión entre sus tropas; las galerías y obras de asedio quedaron casi abandonadas.