Los Seléucidas
Fundada por Seleuco I Nicator en 312 a.C., la dinastía seléucida fue una de las tres monarquías principales que surgieron tras la desintegración del imperio de Alejandro Magno.
Por su origen y cultura, los seléucidas se consideran una monarquía helenística. En la antigüedad no se hablaba de "reino seléucida", sino de "reino de Antíoco" o del nombre del monarca correspondiente. Sólo a partir del siglo II d.C. el término "Reino de Siria" adquirió sentido, cuando los seléucidas habían perdido la mayor parte de sus territorios.
Tras la decisiva batalla de Ipsos en 301 a.C., Seleuco quedó al mando de un extenso territorio que abarcaba Mesopotamia, Irán, Siria y Bactria, con capitales en la nueva Antioquía de Siria y en Seleucia del Tigris. En 281 a.C., tras una nueva reorganización, los seléucidas controlaron prácticamente toda Asia Menor, salvo Licia y Cilicia, que permanecieron bajo dominio lagídico.
Durante su gobierno, la característica más distintiva fue la fundación masiva de ciudades, que sirvieron como centros de administración y difusión cultural. La dinastía también supo mantener una política de conciliación con las élites locales, permitiendo que las tradiciones indígenas continuaran vigentes bajo una capa de cultura griega.
En Babilonia, los reyes seléucidas respetaron las costumbres locales: protegieron los santuarios, aumentaron los sacrificios y donaciones, y participaron personalmente en los festivales tradicionales, mostrando un claro sincretismo entre lo helénico y lo mesopotámico.