Historia antigua

Evolución de las legiones romanas

República

Durante la República, las legiones estaban formadas por ciudadanos‑soldado que abandonaban sus actividades cotidianas para defender la ciudad y sus propiedades. Cada primavera, todos los ciudadanos romanos se reunían en el Campo de Marte para la conscripción.

Los ciudadanos se dividían en 193 grupos según su riqueza, establecidos por el censor en los censos quinquenales (lustros). Las primeras 98 clases censitarias correspondían a la población acomodada y eran numéricamente reducidas. Las clases posteriores agrupaban a campesinos propietarios y a los menos acomodados.

La selección de los ciudadanos que integrarían las legiones se confiaba a los dioses mediante el sorteo. Cada clase censitaria debía aportar suficientes hombres para formar una centuria; de ahí el nombre de “centurias”. En las centurias de los ricos, con pocos integrantes, se sorteaba una mayor proporción de hombres, mientras que en las centurias populares, más numerosas, solo se seleccionaba una pequeña fracción.

Este sistema se justificaba por dos razones:

  • Los ciudadanos luchaban para defender sus bienes; los ricos tenían más que proteger y, por tanto, era natural que fueran ellos quienes combatieran.
  • El equipamiento era costeado por el propio soldado; los adinerados podían asumir esos gastos con mayor facilidad, lo que daba lugar a legionarios mejor armados y, en teoría, más valientes.

En el sorteo, cada hombre era llamado por su nombre, salía de la fila, declaraba si podía servir ese año y exponía su excusa, la cual era evaluada al instante. El proceso continuaba hasta completar las legiones. Si era necesario más personal, se sorteaban varias centurias militares por cada centuria cívica, empezando por las centurias ecuestres y terminando por la centuria proletaria, que aportaba una centuria menos que las demás.

Las primeras dieciocho centurias formaban la caballería; sus miembros eran los únicos que podían proporcionar su propio caballo, de ahí el nombre de “centurias ecuestres”.

En tiempos de paz, la República reclutaba cuatro legiones al año. Durante la Segunda Guerra Púnica, en 218 a.C., se levantaron seis legiones y, al inicio de la contienda, el número llegó a 23 legiones en 211 a.C.

Fin de la República y el Imperio (de Augusto a Diocleciano)

Al final del siglo II a.C., las campañas militares se hicieron más largas y lejanas. Los cónsules empezaron a reclutar soldados entre los campesinos pobres, pagándoles una paga regular, lo que marcó el fin del ejército de ciudadanos‑soldado.

El ejército romano cambió poco hasta mediados del siglo III, manteniéndose en gran parte de las reformas de Augusto y de Adriano. En el apogeo del Imperio, alrededor de 350.000 hombres bastaban para defender una frontera de casi 10.000 km, distribuida en unas treinta legiones y numerosos cuerpos auxiliares.

Sin embargo, esa organización, basada principalmente en infantería y con una caballería reducida, resultó insuficiente frente a enemigos cada vez más móviles, que empleaban guerrilla y evitaban batallas campales. Las legiones, que contaban entre 4.500 y 6.000 hombres, empezaron a mostrar sus límites: su gran tamaño y peso dificultaban la logística y la rapidez de movimiento. Cuando el limes se vio atravesado, los grupos bárbaros podían saquear sin resistencia, y algunos adoptaron incluso las tácticas romanas.

Factores como la crisis económica, la inflación, la lentitud de las comunicaciones y la falta de coordinación durante guerras civiles e invasiones intensificaron la necesidad de una profunda reforma militar.

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