Historia antigua

Fundación del Imperio Otomano

Orígenes

El Imperio Otomano nació de una familia descendiente del clan Kayı, una de las 26 tribus oghuz que conquistaron Anatolia en el siglo XI. Bajo el liderazgo de Osman I (también llamado Ataman, cuyo nombre en árabe, Uthmān عُثْمان, dio origen al término «otomano» en francés y a la denominación turca Osmanlı), la tribu comenzó a expandirse mientras el Imperio Selyúcida se desintegraba.

Expansión inicial

En 1299 Osman I tomó la ciudad bizantina de Bilecik, fecha que se considera tradicionalmente el inicio del Imperio Otomano. Hasta su muerte en 1324, conquistó varios pueblos y fortalezas bizantinas, así como asentamientos turcos vecinos.

Sus sucesores continuaron la política expansionista. En 1347 se apoderaron de Gallipoli, el primer territorio europeo otomano, y a partir de ahí avanzaron por los Balcanes. En 1389 lograron una victoria decisiva en la batalla de Kosovo Polje (también conocida como la Batalla del Campo de los Cuervos), que selló el fin del reino albanés. Serbia quedó finalmente anexada tras la caída de Smederevo en 1459.

Conquista de Constantinopla

En 1453, bajo el mando del sultán Mehmet II, los otomanos capturaron Constantinopla, poniendo fin al Imperio Bizantino y consolidando su dominio sobre el mundo musulmán del Mediterráneo.

Titulatura y autonomía

Durante el siglo XV los sultanes incorporaron el título de khan y, en el siglo XVI, el de califa, considerándose sucesores de Mahoma y líderes de la comunidad musulmana (Ummah). La autoridad otomana variaba: provincias lejanas como Túnez y Argel reconocían formalmente al sultán, mientras que principados como Valaquia, Moldavia y, por un tiempo, Transilvania, gozaban de autonomía a cambio de tributos.

Población y ejército

El Imperio albergaba importantes poblaciones cristianas en los Balcanes y Anatolia. Su cuerpo militar más famoso, los jenízaros (del turco yeniçeri «soldado nuevo»), se creó en el siglo XIV bajo el sultán Orhan. Muchos cristianos pobres (eslavos, griegos, armenios, etc.) se convirtieron al islam para evitar el haraç (impuesto a no musulmanes) y obtener la condición de turco, lo que explica la mezcla de ancestros europeos en la población turca, a diferencia de los pueblos túrquicos de Asia Central.


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