Origen y denominación
El término arcabuz proviene del alemán Hakenbüchse. Apareció a mediados del siglo XV como una arma de fuego de cerrojo de mecha, pesando entre 5 y 9 kg y necesitaba apoyarse en una horquilla (llamada fourquin) para disparar.
Características técnicas
Los primeros arcabuces tenían un alcance limitado (menos de 50 m) y eran voluminosos. Su mecanismo incluía una taza de pólvora para la ignición y una serpentina que sostenía la mecha y, al ser accionada, golpeaba la taza provocando el disparo. En la primera mitad del siglo XVI, en el norte de Alemania, surgieron versiones con rueda de chispa, más ligeras (4‑7 kg) y manejables, de 0,80 a 1,30 m de longitud, que disparaban proyectiles de apenas 25 g. Estas versiones podían apoyarse sobre el hombro, a diferencia de los modelos anteriores que se sujetaban contra el pecho.
Tipos de arcabuz
Se distinguían dos variantes principales:
- Arcabuz de ánima lisa: pensado para la caza, disparaba perdigones y, por su peso, a menudo se montaba en carretas para trasladarlo a humedales.
- Arcabuz rayado: más corto y fácil de manejar, destinado al disparo de balas.
Evolución y sustitución
El arcabuz coexiste con los primeros mosquetes, que con el tiempo lo reemplazaron. Los mosquetes eran más pesados, también requerían la horquilla de apoyo, pero tenían calibre mayor y sus proyectiles podían perforar cualquier armadura.
Aspecto decorativo
Los artesanos de la época decoraban los arcabuces con chapados de oro, grabados, incrustaciones de cuerno o marfil e incluso piedras preciosas. Estas armas se exhibían en los salones de los nobles más adinerados como muestra del talento de sus armeros.