Deportación a Santa Elena
Después de su abdicación, Napoleón fue capturado por los británicos y enviado al remoto islote de Santa Elena, en el Atlántico Sur. El primer gobernador fue el almirante Cockburn y, más tarde, Sir Hudson Lowe, quien dirigió una pequeña guarnición que incluía al conde de Las Cases, al general Montholon y al general Gourgaud.
Vida en el exilio
En la mansión de Longwood, Napoleón se dedicó a dictar sus memorias a Las Cases, con la intención de dejar un testimonio histórico. También intentó aprender inglés y recibió a varios visitantes que pasaban por la isla, que entonces era una escala frecuente para los barcos que rodeaban África. Lowe mantuvo al emperador bajo vigilancia constante, lo que limitó sus salidas.
Últimos días y testamento
A medida que su salud se deterioraba, Napoleón redactó su testamento y varios codicilos, alrededor de cuarenta páginas, solicitando al general barón de Marbot que continuara la publicación de sus escritos “por la grandeza de Francia”. Sus supuestas últimas palabras varían según las fuentes: algunas citan “Francia, ejército, Josefina”; otras, según los relatos de Santa Elena, mencionan “cabeza… ejército… ¡Dios mío!”. El poeta Gérard de Nerval las reinterpretó en su poema “À la mort de l'Exilé”.
Muerte y controversia
Napoleón falleció un sábado, 5 de mayo de 1821, a las 17:49. La causa oficial, establecida por los médicos de la época, fue un cáncer de estómago. Sin embargo, años después surgieron teorías que apuntaban a una posible intoxicación por arsénico, manteniendo el debate entre historiadores.