Rey de Holanda (Ajaccio, 2 de septiembre de 1778 – Livorno, 25 de julio de 1846).
Luis Bonaparte (Lodewijk Napoleon en neerlandés) nació en Ajaccio el 2 de septiembre de 1778 y murió en Livorno el 25 de julio de 1846. Fue uno de los hermanos de Napoleón Bonaparte, hijo de Carlos‑María Bonaparte y María‑Letizia Ramolino, y gobernó como rey de Holanda entre 1806 y 1810.
Un nuevo rey
Desde los 16 años sirvió como ayudante de su hermano en el ejército de Italia; lo acompañó a Egipto y, en 1802, se casó casi contra su voluntad con Hortensia de Beauharnais, hija de Joséphine. Al crear el Imperio recibió el título de Gran Constable y, en 1805, al mando del ejército del Norte ocupó la República Batava. Al conocer la paz, abandonó el territorio, gesto que le granjeó el respeto de los holandeses.
En 1806 Napoleón decidió suprimir la República Batava; Holanda, posición estratégica, debía quedar bajo una autoridad fuerte. Por eso colocó a su hermano menor Luis en el trono, creyendo que un familiar suyo ejercería mayor influencia.
Luis, sin embargo, mostraba reservas. Sufría de reumatismo y necesitaba visitar balnearios con frecuencia; no se imaginaba viviendo en un país frío. Además, le desagradaba obedecer sin cuestionar las órdenes del Emperador. Ante la obstinación napoleónica, finalmente cedió.
Una delegación batava viajó a París para discutir el cambio de poder, pero Napoleón se negó a recibirla. Humillados, los delegados pidieron a Luis, en nombre del pueblo holandés, que aceptara el trono. El 5 de junio de 1806, en una ceremonia oficial en París, Luis se proclamó soberano del Reino de Holanda.
Cómo imponer la autoridad
Al llegar a Holanda, Luis enfrentó la falta de legitimidad, pues los holandeses percibían que se les había impuesto un rey. La república secular había sido convertida brutalmente en monarquía, provocando la resistencia de los patriotas que habían luchado contra la ambición del stadthouder. Aunque la República Batava ya funcionaba como una monarquía de facto bajo el stadthouder Guillermo V, la figura de un rey resultaba una provocación para la tradición republicana.
La resistencia fue mínima. La entrada de Luis en La Haya despertó más curiosidad que entusiasmo; sólo algunos folletos incitaron a la protesta. Los holandeses esperaban, con apatía, lo que el nuevo monarca traería.
Varios factores explican esta pasividad: Holanda no se incorporó a Francia, mantuvo sus leyes, religión y exención del servicio militar; la transición política no fue brusca, pues el stadthouder ya gobernaba con poderes reales; y muchos ciudadanos anhelaban la estabilidad que ofrecía un “hombre fuerte”.
La administración del nuevo rey
Consciente de la oposición a un soberano extranjero, Luis buscó ganarse el afecto del pueblo. En su discurso de recepción prometió proteger los intereses de sus súbditos, pese a haber nacido en Francia.
Dominio del idioma
Luis tomó lecciones de holandés con Willem Bilderdijk, poeta de la corte, con la intención de dominar la lengua. En un discurso en Ámsterdam, según se cuenta, confundió “konijn” (conejo) con “koning” (rey), aunque la anécdota es debatida. Prometió mantener el holandés como idioma oficial de la administración, medida que, además de dificultar el espionaje francés, le granjeó simpatía popular.
Recorridos por el reino
El rey no se recluyó en su palacio de La Haya; realizó visitas regulares, incluso a lugares donde el stadthouder rara vez se presentaba. En Brabante, ante una epidemia, acudió a los enfermos, ordenó la compra de medicinas, distribuyó fondos y convocó a un médico de Boxmeer, logrando contener la crisis en pocas semanas. Estas acciones le valieron el respeto de la nación.
Reformas administrativas
Su objetivo era crear unidad nacional en un país fragmentado regionalmente. Reforzó el poder de la administración central sobre los gobiernos locales, dividiendo el territorio en diez departamentos dirigidos por gobernadores (landdrost), análogos a los prefectos franceses. Los alcaldes de las grandes ciudades pasaron a ser nombrados por el soberano.
Legislación
Luis modernizó el marco legal adoptando el Código Civil francés y, en 1808, un código penal nacional que abolía la tortura y el trabajo forzado. Aunque mantuvo la pena de muerte, el monarca podía conceder indultos.
En materia religiosa, proclamó la igualdad oficial en 1808, incorporó a judíos a la administración y devolvió algunos edificios protestantes a la Iglesia católica, como la catedral de San Juan en ’s‑Hertogenbosch.
Cultura
Patrocinó la ciencia y las artes fundando instituciones que perduran, como el Instituto Real de Ciencias, la Biblioteca Real y el Museo Real. Visitaba frecuentemente el Museo Teylers en Haarlem y organizó exposiciones públicas de arte.
Desastres nacionales
En enero de 1807 una nave cargada de pólvora explotó en Leiden. Luis acudió al lugar, movilizó la guardia real para despejar escombros, organizó rescates, hizo hornear pan a los panaderos de Delft y transformó el Palacio Bosch en hospital. Prohibió el transporte de pólvora en áreas densamente pobladas, creó un fondo de desastres con una aportación de 30 000 florines y eximió a Leiden de impuestos durante diez años.
Las inundaciones de 1809 sumieron al Betuwe bajo un inmenso mar interior. Luis reforzó diques con sacos de arena, coordinó la ayuda y visitó las aldeas más aisladas, lo que inspiró grabados que lo mostraban de pie en un dique estrecho, consolando a los habitantes.
Críticas al soberano
Su estilo de vida lujoso y la pompa monárquica irritaron a los holandeses acostumbrados a la austeridad. Tras considerar que el clima de La Haya empeoraba su salud, trasladó la corte a Utrecht en 1807 y gastó grandes sumas en un palacio real, para luego mudarse al Palacio de Ámsterdam y, finalmente, pasar gran parte del tiempo en residencias rurales como Haarlem, Soestdijk o Amelisweerd.
Conflicto con Napoleón
Napoleón desaprobó la política de Luis, que ponía los intereses de Holanda por encima de los de Francia. Luis se negó a introducir el reclutamiento obligatorio y a reducir la deuda pública en dos tercios, medidas que el Emperador consideraba imprescindibles. También resistió la aplicación estricta del Bloqueo Continental, permitiendo el contrabando para aliviar la economía holandesa.
En 1809, tras la invasión británica de Walcheren, Napoleón acusó a Luis de incapacidad, alegando que su negativa al reclutamiento facilitó la acción inglesa. Tras ofrecerle el trono de España, Luis rechazó; el Emperador tomó el control y, en 1809, Luis firmó en París un tratado que cedía el sur de los Países Bajos a Francia. En 1810, ante la presión de las tropas francesas, abdicó en favor de su hijo Napoleón Luis Bonaparte y huyó a Viena. Holanda quedó anexada al Imperio francés.
Últimos años
Vivió en retiro bajo el título de conde de Saint‑Leu y permaneció como extranjero cuando Napoleón volvió al poder en 1815. Publicó “Documentos históricos sobre el gobierno de Holanda” (3 volúmenes, París, 1820) y, como sus hermanos Lucien y José, se dedicó a la literatura, escribiendo poemas y una novela titulada “Marie ou les sorrows de l’amour”.
Matrimonio e hijos
En 1802 Napoleón obligó a Luis a casarse con Hortensia de Beauharnais (1783‑1837), hija de Joséphine. El matrimonio fue infeliz; Hortensia regresó a Francia y la pareja se separó, aunque tuvieron tres hijos:
- Napoleón Luis Carlos Bonaparte (1802‑1807)
- Napoleón Luis Bonaparte (1804‑1831), Gran Duque de Mons y breve rey de Holanda como Luis II
- Carlos Luis Napoleón (1808‑1873), quien se convirtió en el Emperador francés Napoleón III