La ceremonia de inauguración
Tras la oración musulmana, el Gran Ulema pronunció un discurso. El clero cristiano cantó un Te Deum y el obispo Bauer cerró la ceremonia con una alocución extensa.
Fuegos artificiales y la entrada del "Águila"
Al anochecer continuó la celebración con un espectáculo de fuegos artificiales patrocinado por el khediva y con la iluminación de Port‑Saïd, cuyas calles estaban cubiertas de pancartas que anunciaban la apertura del canal.
El Águila, yate imperial, lideró la travesía. A las 8:30 h cruzó la entrada del canal, oculto tras dos colosales pirámides de madera. En una hora y quince minutos llegó a Raz‑el‑Ech, a catorce kilómetros de Port‑Saïd; a las 12:30 h pasó por Kantara. En total recorrió 44 km en cuatro horas, manteniendo una precisión de navegación notable pese a sus 18 m de ancho y 99 m de eslora.
En Kantara recibió el saludo de la nave egipcia Latif y contempló dos enormes montículos de tierra, obra de los excavadores, que adornaban ambas riberas cubiertas de vegetación. Sobre ellos se leían inscripciones en follaje: «¡Viva la Emperatriz!» y «Ismail, ciudad de Kantara».
Multitud en Ismailia
Mientras tanto, en Ismailia se gestaba un movimiento colosal. Multitudes de todas las razas y vestimentas se agolpaban en las amplias calles de la incipiente ciudad, convirtiéndola en un vasto crisol de follaje y flores. Beduinos en camellos o dromedarios, cargados de armas, alimentos, tiendas y utensilios, avanzaban junto a jefes locales que se reunían frente al lago Timsah.
Los huéspedes europeos y turistas buscaban alojamiento sin éxito: los hoteles y casas particulares estaban ocupados o inutilizados. Gracias a la previsión del virrey, se instalaron filas de tiendas de campaña con varias camas a lo largo del canal de agua dulce, ofreciendo refugio a los visitantes. Los nativos, por su parte, erigieron sus propias tiendas entre la ciudad y el canal, creando un panorama caóticamente pintoresco.
Según cálculos del khediva, entre los 17 y 18 de noviembre la multitud ascendía a no menos de 100 000 personas. El ambiente era de una excitación alegre y confiada; la gente vigilaba las orillas a la espera de la señal de los barcos.
La llegada de los vapores negros
Alrededor de las 16:30 apareció una columna de vapor oscuro detrás del lago Timsah, no del lado de Port‑Saïd sino del de Suez. Era el preludio de tres buques egipcios que terminaban de cruzar el canal entre el Mar Rojo e Ismailia.
El paso del "Águila" por el canal
Casi al mismo tiempo, el Águila emergió entre las dos riberas del gigantesco trench de El Guisr. El yate imperial avanzó con una majestuosa serenidad, como si estuviera inmerso en la reflexión sobre los nuevos destinos que inauguraba.
Al oírse el nombre del Águila, estallaron vítores; la propia Emperatriz estimuló el entusiasmo, y la atención se dirigió a M. de Lesseps, a quien se dedicó el mayor aplauso.
Media hora después, el yate entró en el lago Timsah, donde recibió el saludo de tres buques de guerra egipcios. Los disparos de las baterías terrestres, provistos por un regimiento de artillería traído por el virrey a Ismailia para la ocasión, se mezclaron con la música árabe y los vítores de las distintas razas congregadas, creando una atmósfera única en la historia de recepciones reales.
Al lanzar el ancla, el khediva subió al Águila, rindió homenaje a la Emperatriz y, con efusión, se lanzó a los brazos de M. de Lesseps.