
Aviones modernos, misión inadecuada
Los nuevos tipos de aviones introducidos en la Guerra de Corea resultaron poco aptos para el conflicto y, sobre todo, para su misión principal: el apoyo táctico a tierra. Entre los más destacados estaban el estadounidense F-80 Shooting Star, el F-84 Thunderjet y el F-86 Sabre de la Fuerza Aérea, así como el F9F Panther y el F2H Banshee de la Marina y el Cuerpo de Marines. Estos modelos superaban con creces a los aviones de la Segunda Guerra Mundial que todavía operaban en Corea del Norte.
Limitaciones operativas
Los bombarderos B‑29 seguían desempeñando misiones estratégicas, pero Corea del Norte carecía de medios para responder. Los B‑29 podían operar desde Japón y Okinawa con suficiente autonomía. Sin embargo, todos esos aviones modernos estaban diseñados para despegar de portaaviones o pistas de concreto de al menos 2 000 m. Las costas enemigas estaban prohibidas a menos de 100 km por razones de seguridad, y en tierra había escasas pistas adecuadas. Las mejores áreas terrestres estaban alrededor de Seúl, ya bajo control norcoreano.
Además, los cazas de última generación no se adaptaban bien a misiones de apoyo cercano. Aunque podían llevar cohetes de 150 mm "Tiny Tim" o bombas de 450 kg, las pistas cortas obligaban a despegar con una carga muy reducida.
El papel de los aviones de hélice
Durante los primeros meses, la mayor parte del apoyo de combate quedó a cargo de aviones de motor pistón: el F‑51 Mustang, el F4U Corsair y el AD Skyraider. Estos podían operar desde aeródromos improvisados y transportar cargas ofensivas considerables a largas distancias, aunque eran más vulnerables y sus pilotos sufrían un agotamiento extremo por los continuos vuelos.
El Skyraider, con quince puntos de anclaje bajo las alas y una autonomía de diez horas, se consolidó como el mejor avión de apoyo cercano. Los pilotos llegaban tan exhaustos que necesitaban ser arrastrados fuera de la cabina tras aterrizar.
Armamento y tácticas
Muchas escuadras tácticas estadounidenses de F‑80 fueron reconvertidas al antiguo Mustang P‑51, que se convirtió en la aeronave más utilizada. Sus seis ametralladoras pesadas y la capacidad de cargar cohetes o bombas le permitían ejecutar ataques efectivos. El arma más eficaz contra tropas y vehículos sin blindaje era la bomba de napalm, una mezcla de nafta y aceite de palma que producía una llama de 15 m de ancho por 60 m de largo.
Los cohetes de 150 mm aire‑tierra derribaban puentes, escudos y fortificaciones, mientras que el temido cohete de 400 mm "Tiny Tim" se reservaba para los objetivos más duros.