Historia antigua

Guerra aérea en Vietnam: una estrategia absurda

Guerra aérea en Vietnam: una estrategia absurda

Adaptación de aeronaves a la guerra de contrainsurgencia

Se intentó adaptar los aviones a los requerimientos de la guerra de contrainsurgencia (COIN). El A‑1 Skyraider resultó perfecto: este veterano “indestructible” seguía en servicio en la Marina y los Marines, y fue adoptado tanto por la Fuerza Aérea de EE. UU. como por la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur. El Douglas B‑26 Invader también demostró ser muy adecuado para este tipo de combate. El avión de entrenamiento T‑28 Trojan, con motor más potente y armamento pesado, se convirtió en un eficaz “desfile” contra los guerrilleros.

Helicópteros armados

Los helicópteros también recibieron armamento a bordo. El Bell UH‑1A, la primera versión del famoso Huey, fue equipado con ametralladoras y cohetes para repeler al enemigo mientras se realizaba el desembarque de tropas.

Decisiones políticas que limitaron la efectividad

En 1961, el entonces vicepresidente Lyndon B. Johnson anunció que EE. UU. podría verse obligada a retaliar si recibía fuego comunista, un choque moral sin precedentes para la población, ya que nunca se declaró formalmente un estado de guerra. Con el tiempo, el propósito del conflicto se fue diluyendo.

Las tropas aliadas (neozelandesas, australianas y surcoreanas) que luchaban junto a los estadounidenses tuvieron que obedecer limitaciones drásticas que redujeron su efectividad. Las operaciones de campo se decidían en Washington; incluso en 1965, durante los bombardeos estratégicos, la capital dictaba detalles como el peso de las bombas y el número de aviones involucrados.

Esta centralización alejó aún más a los soldados estadounidenses del terreno vietnamita y minó la moral de las fuerzas sur‑vietnamitas, que se encontraba casi nula. Todos estos factores fueron ignorados durante siete años por los líderes estadounidenses, hasta la política de “vietnamización” impulsada por Nixon.