Historia antigua

Rey de Navarra

Rey de Navarra

Un estratega sagaz

Henri de Navarra, dotado de una aguda observación y un ingenio rápido, supo adaptarse a cualquier circunstancia. Su juicio certero, la observación realista y el sentido común heredado de su origen como campesino béarnais le permitieron sortear trampas, detectar peligros y, con frecuencia, convertir situaciones comprometidas en ventajas. Paciencia, voluntad firme, terquedad y una visión clara del objetivo completaban su fórmula de éxito, fruto de la educación impartida por su madre, Juana de Albret.

Huida y consolidación (1576‑1580)

Durante casi cuatro años Henri utilizó esas habilidades para burlar a la facción extremista de la Corte, que apenas lo apreciaba. Supo reprimir el resentimiento que sintió al llegar a la Corte y ocultó su dolor tras el intento fallido de San Bartolomé. En febrero de 1576, durante una cacería en el bosque de Senlis, aprovechó una brecha para escapar. Cabalgó hacia el sur, cruzó el Loira, revocó su abjuración en Tours y se refugió en Poitou, territorio calvinista, donde tomó el liderazgo de sus seguidores y extendió su influencia hasta Languedoc.

La guerra contra la Liga

La creación de la Liga católica, impulsada por el duque de Guisa, anuló los beneficios del Tratado de Beaulieu y reavivó los combates en 1577. Henri capturó Marmande y La Réole, alternando ofensivas con negociaciones como el edicto de Poitiers, la paz de Bergerac y la ordenanza de Blois (1579), sin lograr una solución duradera.

En 1580 tomó la plaza de Cahors, un bastión católico estratégico entre Limoges y la cuenca de la Garonne. Las paz de Nérac y Fleix fueron meros intervalos entre campañas. En 1581 la asamblea protestante de Montauban le concedió el título de protector de las iglesias, y el año siguiente la asamblea de Saint‑Jean‑d'Angély definió sus competencias.

El heredero al trono francés (1584‑1588)

La muerte del duque de Anjou, hermano de Enrique III, en junio de 1584 dejó sin heredero directo a la corona, elevando a Henri de Navarra a la posición de heredero. Los católicos, bajo la influencia de la familia Guisa, intensificaron la lucha: Felipe II de España prometió 50.000 escudos mensuales para “extirpar herejías”. La rivalidad entre los tres Enrique (III, de Navarra y de Guisa) marcó la etapa conocida como la “guerra de los tres Enrique”.

Aunque Henri obtuvo una brillante victoria en Coutras (1587) y el rey Enrique III intentó reconciliarse con él, el duque de Guisa, ahora “rey de París”, se mostró cada vez más arrogante, creyendo que el trono estaba al alcance.

Alianza con Enrique III y la caída de la Liga

En 1588, tras el asesinato de el conde de Guise por orden de Enrique III, el rey católico buscó la alianza con Henri de Navarra. El 30 de abril de 1589, cerca de Plessis‑lez‑Tours, los dos monarcas se encontraron por primera vez en trece años. Los gritos de “¡Viva el rey!” y “¡Viva el rey de Navarra!” resonaron, simbolizando la unión de los partidos.

Poco después, el asesino del monje Clément puso fin a Enrique III, pero el último rey había dejado claro que Henri de Navarra era su sucesor designado. La Liga quedó moralmente derrotada, aunque la victoria debía consolidarse en el campo de batalla.

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