Consumo ritual
Durante la ceremonia, los sacerdotes o funcionarios de alto rango extraían cuidadosamente el corazón del sacrificado. En algunos rituales, el corazón era ingerido por el gobernante, los sacerdotes u otras figuras importantes, simbolizando la transferencia de fuerza, poder y energía sagrada del ofrendado al consumidor.
En el culto al dios de la guerra y el sol, Huitzilopochtli, el corazón se presentaba como ofrenda ante la estatua del dios.
Ofrenda a los dioses
Frecuentemente, los corazones se depositaban directamente en los altares o en recipientes sagrados como ofrenda a deidades específicas. Se creía que esta acción apaciguaba a los dioses y garantizaba su favor y protección, cumpliendo con las obligaciones religiosas y manteniendo el equilibrio cósmico.
Enterramiento o disposición final
En ciertos casos, el corazón no se consumía ni se ofrecía de inmediato. Podía ser enterrado junto al cuerpo del sacrificado o colocado en un contenedor especial dedicado a la deidad a la que se había dedicado el sacrificio. Este enterramiento honraba al espíritu del fallecido y aseguraba su tránsito seguro al más allá.
Es importante señalar que los rituales variaban según la ceremonia, la deidad honrada y las creencias culturales específicas de la civilización azteca.