Contexto histórico
En noviembre de 1948, el general Markos, ahora conocido como Vafiadhis, cedió el mando de los guerrilleros a Nikos Zakhariadis, un comunista militante con amplia experiencia. Un mes o dos después, el mariscal Alexander Papagos, vencedor de la campaña albanesa de 1940‑1941, asumió el control del ejército griego.
El declive de la resistencia
Los partisanos se encontraban ya en una lucha sin esperanzas. Podrían haber resistido más tiempo en las montañas del norte si el presidente Tito no hubiera anunciado en julio de 1949 su intención de cerrar la frontera greco‑yugoslava y de cortar toda ayuda a los guerrilleros. Tras romper con el bloque comunista, Tito consideró peligroso mantener a un país hostil en su frontera sur y apresuró la firma de una alianza con Atenas.
El 16 de octubre, los comunistas anunciaron por radio el cese de las hostilidades para evitar la destrucción total del país.
Consecuencias humanas y morales
La tercera fase de la Guerra Civil Griega llegaba a su fin, dejando más de 21.000 muertos o desaparecidos y 40.000 heridos entre las fuerzas gubernamentales. Cerca de 12.000 viviendas fueron destruidas y más de 4.000 civiles ejecutados por los partisanos; miles, entre ellos niños, fueron tomados como rehenes y trasladados a través de las fronteras. Sin embargo, el daño más grave fue moral y psicológico: Grecia aún lleva la carga del odio y la desconfianza sembrados por el conflicto, y una generación completa creció bajo la sombra de una lucha política que les ofreció poco más que trauma y división.