Contexto y decisión de EE.UU.
Al declarar que los Estados Unidos "deben asistir a los pueblos libres que se niegan a ser subyugados por minorías armadas y a someterse a presiones externas", el presidente comprometió a la nación con una política que trascendía sus tradicionales zonas de influencia y la colocó al frente del mundo occidental en la lucha contra el comunismo. En la práctica, esto significó que el Congreso aprobara alrededor de 250 millones de dólares en ayuda económica y militar para Grecia.
Escalada del conflicto
Tras la declaración de Truman y la votación del Congreso, los ataques de los partisanos comunistas se transformaron en una verdadera guerra civil; buscaban lograr la victoria antes de que la ayuda estadounidense se hiciera efectiva. En julio, lanzaron una ofensiva hacia Ioannina, en Epiro, y pronto controlaron una amplia zona del norte de Grecia, incluida la frontera. Intentaron en dos ocasiones capturar Konitsa, localidad cercana a la frontera albanesa, y establecieron un gobierno rival, obligando a Atenas a enfrentarse a un enemigo con bases sólidas en lugar de a pequeños comandos móviles.
Desgaste del ejército griego
A lo largo de 1947, los guerrilleros agotaron y desconcertaron al ejército griego, cuya estrategia se centraba en la defensa de ciudades clave y no estaba preparada para una insurrección de este tipo. El ejército democrático, nombre con el que se autodenominaban los partisanos de izquierda, duplicó su número, alcanzando unos 23 000 combatientes.
Intervención estadounidense
En agosto comenzaron a llegar los buques con ayuda militar estadounidense y, el 18 de noviembre, un estado mayor conjunto griego‑estadounidense tomó el mando de las operaciones. Al finalizar 1947, Grecia recibió una ayuda estadounidense muy sustancial y cerca de trescientos oficiales estadounidenses se desempeñaron como instructores y asesores del ejército griego.
Continuación de la lucha y nueva estrategia
La guerra contra los partisanos comunistas prosiguió de forma más o menos encubierta durante dos años más, aunque la presencia estadounidense y la certeza de Stalin de que EE.UU. no permitiría la victoria de los insurgentes inclinaban la balanza hacia un desenlace inevitable. En febrero, el general James A. Van Fleet llegó a Grecia y, de manera no oficial, asumió el control de las operaciones contra los partisanos. Se adoptó una nueva estrategia: limpiar sectores bien definidos y respaldar esas operaciones con acciones más vigorosas. Al mismo tiempo, los partisanos cometieron el error de volver a métodos de combate tradicionales, justo cuando sus oponentes eran más numerosos y estaban mejor organizados. Además, los comunistas estaban divididos sobre la cuestión fundamental de la estrategia.