Historia antigua

Nat Turner, el esclavo profético que lideró la rebelión más sangrienta del Sur

Nat Turner, el esclavo profético que lideró la rebelión más sangrienta del Sur
Ilustración de Nat Turner, extraída de la Encyclopedia of Virginia, por William Henry Shelton (1840‑1932). Fuente: Wikipedia Commons.

La esclavitud en el Sur de Estados Unidos se presenta a menudo como un sistema brutal y estable bajo el control de los dueños de plantaciones. En realidad, los esclavos negros nunca aceptaron pasivamente su destino y, a lo largo del siglo XIX, protagonizaron numerosos actos de resistencia, algunos violentos. Antes de la Guerra Civil (1861‑1865) ya se habían levantado figuras como Gabriel Prosser (1800) o Denmark Vesey (1822). Sin embargo, la revuelta más significativa fue la encabezada en 1831 por Nathaniel "Nat" Turner, un esclavo de 31 años originario del condado de Southampton, Virginia.

Las llamadas "confesiones" recopiladas por el abogado Thomas R. Gray antes del juicio y la ejecución de Turner son una fuente valiosa, aunque claramente parcial, para comprender este episodio. En el prefacio del folleto se lee: "Mientras todo parecía calmo en la superficie, un fanático oscuro llamado Nat Turner planeaba masacrar a los blancos en gran número". A pesar de este sesgo, el documento ofrece una visión directa de los argumentos que se le presentaron al propio Turner.

Visiones divinas de un niño precoz

Nat Turner nació el 2 de octubre de 1800 en la plantación de Benjamin Turner, en el condado de Southampton. Su madre, Nancy, una esclava africana, le inculcó desde pequeño el anhelo de libertad, incluso arriesgando su vida al intentar ahogarlo al nacer para evitarle una vida de servidumbre. Desde los tres o cuatro años, Turner afirmaba haber tenido visiones del futuro: "El Señor me mostró cosas que sucedieron antes de que yo naciera".

Aprendió a leer y escribir con sorprendente facilidad. Un día, al observar un libro que le mostraban para calmar sus lágrimas, comenzó a deletrear los nombres de los objetos que aparecían en sus páginas. Impulsado por su pasión por la lectura y por una ferviente fe religiosa, empezó a predicar en la plantación. A los 21 años, entre lecturas compulsivas de la Biblia y ayunos para endurecer su espíritu, experimentó sus primeras revelaciones, interpretándolas como mensajes divinos que anunciaban su emancipación, tal como los profetas del Antiguo Testamento.

Turner estaba convencido de su llamado profético; su última revelación, el 11 de febrero de 1831, la interpretó como una señal directa de Dios para cumplir su misión.

A lo largo de su corta vida, pasó de un amo a otro: en 1809 pasó a manos del hijo de Benjamin, Samuel; en 1822 la viuda de Samuel, Elisabeth, lo heredó y un año después lo entregó a su nuevo esposo, Thomas Moore. Cuando decidió rebelarse, Turner servía a Joseph Travis, esposo de la segunda esposa de Moore. Solo se conserva un testimonio que indica que fue golpeado por afirmar que los negros debían ser libres y que lo serían algún día.

Turner sentía que el Espíritu Santo lo llenaba y describía milagros como "destellos de luz en el cielo". Tras intensas oraciones, afirmaba haber visto "gotas de sangre sobre el maíz, como rocío", y en los bosques, símbolos y figuras dibujadas en sangre que representaban espíritus blancos y negros en combate. Su revelación final, un eclipse solar el 11 de febrero de 1831, lo convenció de que Dios le ordenaba actuar.

La revuelta sangrienta

Durante la noche del 21 al 22 de agosto de 1831, Turner y un pequeño grupo de seguidores iniciaron la revuelta más sangrienta del Sur esclavista. Tras asesinar a los miembros de la familia Travis mientras dormían, Turner y sus 14 cómplices se desplazaron de plantación en plantación por el condado, saqueando 16 hogares y matando a aproximadamente 60 blancos —hombres, mujeres y niños— mientras liberaban a los esclavos que encontraban en su camino, intentando formar un ejército rebelde. La milicia local sofocó la insurrección en pocos días; se contabilizaron alrededor de 50 insurgentes y 60 víctimas blancas.

El pánico se extendió rápidamente entre la población blanca, que respondió con una represión brutal: cerca de 200 negros fueron asesinados en represalias. Turner se ocultó durante nueve semanas en los bosques, pero fue descubierto en una cueva y capturado el 30 de octubre por el granjero Benjamin Phipps. Fue juzgado, condenado a muerte el 5 de noviembre y, antes de ser ahorcado, se le preguntó si lamentaba sus actos. Respondió reiterando su convicción de ser un mensajero de Dios: "¿Acaso no fue crucificado Cristo?"

Recuerdos macabros

El 11 de noviembre, Turner fue ahorcado junto a otros 16 esclavos. Su cuerpo recibió un trato diferente: le decapitaron la cabeza para exhibirla como curiosidad y le destriparon la piel para confeccionar bolsas y bolsos. Los restos restantes fueron conservados como horribles recuerdos, y su cadáver fue enterrado con la misma indiferencia con la que se trata a un animal. Esta ejecución ejemplar buscaba enviar un mensaje claro al Sur sobre el castigo que recibiría cualquier esclavo rebelde.

La veracidad de la identidad y motivaciones de Turner ha sido objeto de debate. Las Confesiones de Nat Turner de Gray presentan un claro sesgo ideológico, retratándolo como un "bandido" y negando cualquier vínculo con otros movimientos de resistencia. La historiografía norteamericana tradicional lo ha descrito como un acto aislado de locura, despojado de significado político.

Por el contrario, la comunidad afroamericana ha honrado su memoria, apodándolo "Ol’ Prophet Nat". Historiadores negros han restaurado su dignidad y la de sus seguidores, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la historia de EE. UU. y resaltando a Turner como un "Espartaco negro" que luchó contra la opresión.

Para profundizar
Confessions of Nat Turner, por Thomas Gray, Allia, 2017.

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