El bolchevismo de Lenin
Más conocido hoy como comunismo, el bolchevismo nace de las ideas socialistas de Karl Marx. Con la intención de crear una sociedad libre e igualitaria, Lenin tuvo que desencadenar una revolución para aplicar su ideología. Los soviets representaban una alternativa al sistema autocrático que imperaba antes de 1917, cuando el zar aún reinaba y el pueblo permanecía callado. El leninismo se oponía firmemente al capitalismo, al que culpaba de la eclosión de la Gran Guerra.
Sin embargo, el modelo propuesto por Marx difiere del que Lenin intentó implantar en Rusia en cuanto a la base industrial. Inglaterra era una sociedad industrial; Rusia, en cambio, seguía siendo mayoritariamente agrícola. ¿Cómo lograr que los campesinos, cuyo único deseo era poseer su tierra, se sumaran a la revolución? Al principio mostraron resistencia, como ocurrió en el “Domingo Rojo”, cuando no se produjo daño al zar. Lenin creó entonces un sistema intermedio: los kulaks conservarían la gestión de los ingresos agrícolas junto a los campesinos. Esta medida debía ser provisional, con el objetivo de eliminar por completo las clases sociales.
El leninismo habría funcionado de inmediato si Rusia hubiera sido un país industrial.
Comunismo versus capitalismo: un ideal egalitario
Los bolcheviques argumentaban que el capitalismo había maltratado a los obreros y, por ello, buscaban acercarse al modelo socialista de Karl Marx. Ese modelo se volvió atractivo cuando Lenin proclamó la paz en las calles de la capital. El comunismo, surgido del desarrollo del proletariado, aspira a la unidad de todos los trabajadores del mundo y llama a la solidaridad obrera.
Los bolcheviques pretendían que la caída del zarismo en Rusia sirviera de ejemplo a las naciones aún bajo regímenes autocráticos y, sobre todo, que el modelo comunista se extendiera globalmente para lograr la justicia. Si desaparecen las diferencias de clase, también desaparecen las relaciones de dominación entre países.
Sin embargo, esta visión internacional del comunismo alarmó a otras potencias, que se mostraron reacias frente a la nueva Rusia leninista.
Apelación del Soviet a los pueblos del mundo
Redactada el 14 de marzo de 1917 y dirigida a todos los proletarios y trabajadores, Apelación del Soviet de Diputados Obreros y Soldados subraya la caída del zarismo en Rusia como la apertura al socialismo y a la libertad. La revolución rusa se presenta como “una gran victoria para la libertad y la democracia”, y se propone como ejemplo para otras naciones.
El documento convoca a los proletarios del mundo a solidarizarse con los que luchan contra el antiguo régimen ruso. La fuerza de Rusia, según el texto, permitiría a otras repúblicas instaurar la democracia, buscar la paz y, en primer lugar, poner fin a la guerra que comenzó tres años antes. En particular, se dirige a Alemania, cuyo gobierno era semi‑autocrático, y sugiere que la unión proletaria favorecería la paz y la libertad, tras la caída de la “autocracia” en Rusia.
Sin embargo, la Internacional Comunista generó temor en otros países, lo que desembocó en el conflicto entre el Ejército Rojo y los ejércitos blancos.
¿Qué será del comunismo en Rusia?
En el siglo XIX, en Siberia, existían prisiones zaristas donde se reunían convictos condenados a trabajos forzados; entre 1901 y 1914, aproximadamente 100 000 rusos conocieron esas cárceles.
Tras la toma del poder por los bolcheviques en 1917, los campos comenzaron a albergar a los “enemigos del nuevo régimen”, entre ellos la burguesía y los kulaks, que fueron retenidos como rehenes hasta el fin de la guerra civil, sin una fecha límite establecida.
Posteriormente surgieron los campos de trabajo, los gulags, que Stalin administró en nombre del comunismo, una distorsión del ideal de igualdad y libertad que Lenin había buscado.