Tras ser perseguidos como criminales, los judíos, cuya única culpa era existir, buscaron refugio en otro país. Después de intentar llegar a Estados Unidos, muchos se dirigieron a Suiza, a la que algunos suizos llamaban "la salvación de los judíos". Sin embargo, la entrada resultó extremadamente difícil. Joseph Spring relató en una audiencia judicial el 21 de enero de 2000 que le negaron el ingreso y que, en su lugar, fue enviado en tren a Auschwitz.
Neutralidad declarada vs. neutralidad práctica
Suiza siempre se ha presentado como un país neutral que no participa en guerras. En la práctica, sin embargo, muchos suizos sirvieron en ejércitos extranjeros y aprovecharon la situación para obtener beneficios. En 1940, el régimen de Vichy y su colaboración con la Alemania nazi sorprendieron a los suizos. Aun con sus montañas, la Confederación suiza era un territorio pequeño y consideró impensable enfrentarse militarmente a Hitler.
Para evitar conflictos, Suiza firmó acuerdos comerciales con el Reich y, según documentos de la época, Hitler garantizó la protección suiza a cambio de suministros de armas que reforzaban la artillería de la Wehrmacht. En 1942, el país se posicionó como útil para el Führer, manteniéndose prácticamente intacto mientras la guerra se desarrollaba en el centro de Europa.
Los refugiados y la respuesta suiza
Aunque el gobierno suizo rechazó a numerosos inmigrantes ilegales, una parte de la población ofreció ayuda. Personas como Gertrud Kurz, Carl Lutz y Paul Grüninger fueron reconocidas como Justos entre las Naciones por salvar vidas judías. El 7 de septiembre de 1942, jóvenes suizas firmaron una petición a favor de acoger refugiados, protestando contra los repatriaciones forzadas (refoulements).
El famoso telegrama Riegner, fechado el 8 de agosto de 1942, describía las etapas del Holocausto y fue conocido por autoridades suizas, lo que evidencia que estaban al tanto de la magnitud del genocidio.
Intereses económicos y bancarios
El ejército suizo habría sido incapaz de enfrentar al ejército alemán. Con el control nazi alrededor de sus fronteras, muchos suizos demandaban algún tipo de resistencia para preservar su libertad política, aunque no fuera viable económicamente.
En 1997, el New York Times describió a Suiza como "la tierra de calles limpias y conciencias sucias". Los historiadores coinciden en que los bancos suizos jugaron un papel crucial al gestionar fondos saqueados de los campos de concentración y exterminio. La pregunta sigue abierta: ¿habría acortado la guerra la ausencia de esos acuerdos financieros y comerciales con el Reich?
Conclusión
Suiza mantuvo una neutralidad que, si bien le salvó de la destrucción militar, implicó decisiones controvertidas respecto a los refugiados judíos y a su colaboración económica con el régimen nazi. El legado de aquellos que arriesgaron todo para salvar vidas contrasta con la "limpieza" de sus calles y la "suciedad" de su conciencia histórica.