Contexto y primeras dificultades
En los primeros días de la Operación Market Garden, la compañía de suministros del coronel Hackett intentó organizar la entrega de alimentos y municiones a las tropas británicas atrapadas en Arnhem. Cuando el teniente Urquhart logró escapar de su escondite y volver a su puesto, la situación ya era caótica: los hombres de Frost luchaban valientemente en el puente mientras cuatro batallones intentaban abrir paso a través de la ciudad.
Los intentos de refuerzo fueron limitados. El noveno batallón de la división quedó aislado en el sector CP y, al caer la noche, los aviones de la RAF, bajo intenso fuego antiaéreo, lanzaban sus contenedores de suministro sobre los puntos acordados, pero la mayoría caía en manos alemanas.
Desgaste de las fuerzas británicas
Los combates en la ciudad resultaron extremadamente costosos. Los batallones británicos fueron obligados a retroceder al sur del ferrocarril, y el único batallón que permanecía en el sector P'C' quedó prácticamente cortado del resto. Sin comida, agua ni municiones, los soldados se refugiaron en sótanos oscuros de edificios destruidos, rodeados de polvo, humo y sangre.
El 24 de septiembre, los alemanes lanzaron un asalto final que, según sus propios informes, fue "increíblemente violento": granadas, fuego a corta distancia y combates casa por casa. A las 9 a.m. la resistencia británica colapsó.
Posiciones estratégicas y esperanzas de refuerzo
La mayor parte de la división se instaló en una formación en forma de herradura al oeste de Oosterbeek y al norte del ferry de Heveadorp. Urquhart esperó que el avance del 2.º Ejército Alemán fuera lento y que los británicos pudieran ser evacuados una vez que los estadounidenses y la 1ª División de Guardias aseguraran los puentes de Nijmegen, a diez millas de distancia.
Sin embargo, los alemanes defendieron los 16 km restantes con gran determinación, aprovechando rutas laterales que los británicos no podían usar debido a los diques y zanjas de riego. La única carretera disponible estaba bajo fuego constante de artillería y la comunicación por radio estaba prácticamente inoperativa.
Colapso y evacuación
El desgaste fue tal que los hombres de Frost ya no podían sostener la defensa. Sin alimentos, agua, municiones ni medicinas, los tanques alemanes, la infantería y los francotiradores penetraban los débiles puestos británicos, provocando cientos de bajas. Algunos soldados colapsaron, pero la mayoría siguió luchando obstinadamente.
El 30 de septiembre, los polacos intentaron cruzar el Rin, pero sólo cincuenta lograron hacerlo antes de que el bombardeo reanudara al amanecer del sábado. Ese mismo día, el 4.º Batallón del Dorset Regiment intentó otra travesía que también fracasó.
El lunes siguiente comenzó la evacuación. Los alemanes, al percibir el movimiento, abrieron fuego con ametralladoras y cañones desde las alturas de Westerbouwing y sus tanques avanzaron sin encontrar resistencia. Más de 300 heridos fueron capturados; la mayoría fueron trasladados a hospitales alemanes y holandeses, donde la Resistencia local ayudó a muchos a escapar. Se estima que al menos 1 200 soldados británicos murieron y más de 3 400 alemanes resultaron muertos o heridos.
Causas del fracaso
Varios factores explican el desastre:
- El mal tiempo impidió la llegada de suministros y refuerzos.
- La falta de inteligencia y el escaso reconocimiento previo al desembarco.
- Problemas de comunicaciones: radios de batallón y división con alcance insuficiente, transmisiones intermitentes y ausencia de apoyo aéreo cercano.
- Escasez de aviones y planeadores, lo que limitó la capacidad de transportar equipos de radio más potentes.
- Congestión en la carretera Eindhoven‑Nijmegen y la presión alemana en ambos flancos, que dificultaron la llegada de refuerzos a tiempo.
Aun así, la operación no fue un total fracaso. Se lograron abrir los pasos del Mosa y el Waal, y los Aliados obtuvieron lo que el general Student describió como "un excelente trampolín para el asalto final a Alemania".