
Introducción
Durante la primera fase de la Segunda Guerra Mundial, la Armada británica tuvo que enfrentarse a una variedad de peligros en sus rutas comerciales, desde submarinos hasta nuevas formas de minas marítimas. Este artículo repasa los principales episodios y soluciones técnicas que surgieron entre 1939 y 1940.
Minas magnéticas
Desde la primera semana de conflicto, los buques mercantes británicos fueron alcanzados por minas de "influencia magnética", una tecnología para la que Inglaterra no disponía aún de contramedidas. El 23 de noviembre, un avión alemán dejó caer una de esas minas en los pantanos de Shoeburyness. El teniente comandante J. G. D. Ouvry la desactivó, arriesgando su vida, y descubrió la polaridad del dispositivo.
Con este hallazgo, los británicos diseñaron un dragado magnético capaz de detonar las minas sin dañar el buque y equiparon a sus barcos con sistemas que les permitían pasar por encima sin activar el detonador. Sin embargo, a finales de noviembre las minas habían causado la pérdida de 46 buques (180 000 toneladas) y varios buques de guerra.
Al terminar 1939, el total de pérdidas por minas alcanzó 79 buques mercantes, equivalentes a 262 697 toneladas.
Buques de superficie alemanes
Antes de la guerra, Alemania envió dos "cruiseros de bolsillo" al Atlántico acompañados de buques de abastecimiento. Su presencia se sospechó por la aparición de barcos hundidos o desaparecidos fuera de las zonas habituales de los U‑boat.
El primer éxito británico fue la destrucción del crucero de bolsillo Graf Spee en el estuario del Río de la Plata, tras ser acorralado por el grupo comandado por el comodoro Henry Harwood (cruceros ligeros Ajax, Exeter y Achilles). El Graf Spee había hundido nueve buques británicos antes de su rendición.
En noviembre de 1939, el almirante Raeder envió los cruceros Scharnhorst y Gneisenau al Atlántico para romper las líneas de patrulla británicas. El 23 de noviembre fueron avistados y atacados por el crucero mercante Rawalpindi, que rápidamente fue hundido por el Scharnhorst. El almirante Forbes, al mando de la Flota del Hogar, intentó interceptarlos, pero una tormenta les impidió mantener el contacto y los alemanes regresaron a Alemania.
Operaciones alemanas en el Mar del Norte
El 12 de diciembre, cinco destructores alemanes, respaldados por tres cruceros, intentaron sembrar un campo minado frente a la costa de Northumberland. Al regresar, el submarino británico Salmon torpedeó los cruceros Leipzig y Nürnberg. Dos días después, el submarino Ursula atacó de nuevo, hiriendo a Leipzig y hundiendo a uno de sus destructores acompañantes.
Respuesta británica y vulnerabilidades
El 14 de octubre, el U‑47, al mando del teniente Prien, penetró la base de Scapa Flow y hundió el acorazado Royal Oak. Este suceso evidenció la vulnerabilidad de la principal base naval británica. Mientras se reforzaban las defensas, la Flota del Hogar tuvo que trasladar su base a Loch Ewe, en la costa oeste de Escocia, que también resultó ser vulnerable; el acorazado Nelson sufrió daños por una mina al entrar allí.
La amenaza de los "lobos" submarinos
En los últimos meses de 1939, Alemania perfeccionó la táctica de los "wolf packs". Cuando un convoy era detectado, el submarino avistador alertaba a los U‑boat cercanos y, tras reunir todo el grupo, lanzaban un ataque coordinado, a menudo de noche y en superficie, donde los radares británicos aún no estaban disponibles.
Esta estrategia anuló la confianza británica en el sonar (ASDIC) y en las profundizadoras, obligando a dotar a los escoltas de radar, lo cual no se logró hasta 1941.
Evacuaciones y pérdidas humanas
Durante la evacuación de las tropas británicas de los puertos del Canal (Dunkerque y otros), se repatriaron 136 963 soldados y 38 500 aliados. Sin embargo, el transatlántico Lancastria, anclado en Saint‑Nazaire, fue bombardeado y, pese a no hundirse de inmediato, causó la muerte de unas 3 000 personas por la falta de botes salvavidas suficientes.
Situación estratégica tras la caída de Francia
Con la rendición francesa, toda la costa occidental europea quedó bajo control alemán, proporcionando a la Kriegsmarine bases en el Mar del Norte y el Golfo de Vizcaya. Los aviones de largo alcance Focke‑Wulf "Condor" podían sobrevolar el Atlántico, localizar convoyes y transmitir sus coordenadas a los submarinos.
Como solución improvisada, algunos convoyes fueron equipados con catapultas que lanzaban un caza Hurricane (los llamados CAM‑ships). Más tarde, estos fueron sustituidos por buques portaaviones mercantes (MAC‑ships) y, finalmente, por transportes auxiliares convertidos en verdaderos portaaviones ("Woolworth").
Conclusión
Aunque a finales de 1939 la Marina Real todavía mostraba una balanza de pérdidas relativamente favorable, la combinación de minas magnéticas, buques de superficie alemanes y la nueva táctica de los lobos submarinos transformó la guerra naval en un desafío mucho mayor. La falta de radares, la pérdida de bases seguras y la ocupación de la costa europea obligaron a la Admiralty a reinventar sus métodos de defensa y a desarrollar nuevas tecnologías que serían cruciales en los años posteriores.