Historia antigua

El retorno de los submarinos en el Atlántico (1940)

El retorno de los submarinos en el Atlántico (1940)

Un comienzo tranquilo y una rápida reactivación

Los primeros seis meses de 1940 fueron relativamente calmados en el Atlántico. El mal tiempo de enero obligó a los submarinos a suspender sus operaciones, y muchos fueron retirados para participar en la campaña de Noruega. Sin embargo, para junio ya estaban de vuelta. Aunque el número aún era limitado, el programa de construcción comenzaba a dar resultados y la flota crecía mes a mes.

Alcance de los U‑boat desde la costa

Desde las nuevas bases del Golfo de Vizcaya, incluso los U‑boat más pequeños (≈500 t) podían operar a más de 600 millas, fuera del alcance de los escoltas británicos. A esas distancias encontraban escasa resistencia: los buques mercantes no reaccionaban a sus torpedos. Más cerca de la costa, atacaban a barcos que, por velocidad, habían adelantado o retrasado a los convoyes, y también recibían poca respuesta.

Los primeros “lobos” y sus devastadores ataques

En septiembre, los comandantes de los U‑boat iniciaron los primeros ataques coordinados en forma de wolf packs contra convoyes británicos. Dos convoyes sucesivos, el SC‑2 y el HX‑72, fueron asaltados por una manada de diez submarinos al noroeste de Islandia, hundiendo 16 buques. Un mes después, otro ataque aún más sangriento: los convoyes SC‑7 y HX‑79 fueron atacados durante cuatro noches consecutivas por ocho U‑boat, que hundieron 32 embarcaciones.

Respuesta británica: radares, iluminación y aviones

Los británicos buscaron rápidamente contramedidas. Instalaron radares en los buques escolta y desarrollaron la “copo de nieve”, una explosión luminosa que iluminaba amplias áreas, aunque su uso práctico quedó para el futuro. La solución más eficaz fue dotar a los convoyes de escolta aérea. Los aviones obligaban a los submarinos a sumergirse, rompiendo el contacto visual. Con radares ASV (airborne), los aviones podían detectar submarinos incluso en malas condiciones meteorológicas y a mayor distancia, pero a principios de 1940 aún no había suficientes aeronaves de largo alcance para cubrir todo el Atlántico.

Interceptación de señales y detección temprana

Otra línea de defensa fue el estudio de los métodos de “sombra” de los submarinos. El barco que dirigía al grupo enviaba señales de radio de muy baja potencia, imposibles de captar desde la costa, pero sí escuchables a bordo de los escoltas equipados con receptores adecuados. En 1940 esta técnica estaba en una fase embrionaria; sin embargo, a partir de entonces se inició la producción de receptores para los buques de escolta, culminando en su despliegue en julio de 1941.

Estrategias de desvío y rastreo

Mientras tanto, la única medida viable era empujar los escoltas lo más lejos posible en el Atlántico y desviar los convoyes por rutas alternativas, evitando las zonas donde se sospechaba la presencia de submarinos. Esta labor correspondía al Servicio de Seguimiento de la Marina, que utilizaba cualquier información disponible. La fuente más valiosa resultó ser las señales emitidas por los propios submarinos y captadas por estaciones costeras; a partir de ellas se podía estimar rápidamente la posición de los U‑boat y avisar a los convoyes. Con el tiempo, la cantidad y calidad de la información mejoró, permitiendo al servicio lograr éxitos espectaculares, aunque en 1940 todavía estaban en una fase de aprendizaje.