Historia antigua

La batalla del frío: la ofensiva republicana en Teruel (1937‑1938)

Contexto político y militar

Tras los reveses sufridos en el Norte, los republicanos se negaban a aceptar la derrota. Al inicio del invierno de 1937‑1938, el gobierno, ahora presidido por Juan Negrín en sustitución de Largo Caballero, se trasladó a Barcelona para impulsar la producción bélica en Cataluña y retomar el control de las masas obreras, bajo la constante vigilancia de la anarquía. Indalecio Prieto asumió la cartera de Guerra, reorganizó el ejército y, en contra de la voluntad de los comunistas, intentó despolitizarlo.

Fuerzas en conflicto

En la víspera de la ofensiva en Teruel, los números eran los siguientes:

  • Nacionalistas: 650 batallones de infantería, una división de caballería, 290 baterías de artillería y 400 aviones, sumando unos 600 000 hombres.
  • Republicanos: 450 000 soldados distribuidos en dos frentes: el del Centro, bajo el mando de Miaja, y el del Este, dirigido por Hernández Sarabia. Un tercer ejército, el del Levante, se estaba organizando en Valencia. Además, contaban con 350 aviones y dos baterías de artillería.

La ofensiva republicana en Teruel

Fue el Ejército del Este quien tomó la iniciativa y avanzó hacia Teruel, una posición estratégica que constituía el saliente sureste de la línea nacionalista. En la primera fase de la batalla, los republicanos lograron capturar la ciudad, impidiendo que los nacionalistas aislaran Cataluña y cortaran el acceso de Madrid al mar.

Contraataque nacionalista y el papel del frío

El 31 de diciembre de 1937, los nacionalistas se plantaron frente a Teruel, en un paisaje desolado. La nieve era tan profunda y el hielo tan extenso que ambos ejércitos, aislados de sus bases de suministro, quedaron prácticamente paralizados.

En febrero de 1938, después de una vigorosa contraofensiva liderada por los principales generales franquistas — Varela, Yagüe y Dávila — y de setenta días de intensos combates, los republicanos abandonaron Teruel, destruyéndola parcialmente con explosivos. La victoria nacionalista, aunque costosa, se vio favorecida en gran medida por las extremas condiciones climáticas.

Consecuencias

La batalla del frío demostró cómo el clima puede convertirse en un agente decisivo en la guerra, influyendo tanto en la logística como en la moral de las tropas.

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