Reconocimiento internacional
El 27 de febrero la Cámara francesa votó reconocer a Franco y le concedió el prestigioso cargo de embajador, el Mariscal Pétain. Las barras de oro almacenadas por la República en Mont‑de‑Marsan, junto con obras de arte, armas, municiones, la flota española y vehículos, fueron entregadas al nuevo gobierno. Gran Bretaña y la mayoría de los países, salvo la URSS y México, también reconocieron la legitimidad del régimen franquista.
Situación en Madrid
Madrid seguía en pie. Azana, que había dimitido en Francia el 27 de febrero mediante una carta firmada en Collonges‑Salève, dejó el poder a una junta de defensa encabezada por el coronel Casado, quien propuso negociar con Franco. En contraste, Juan Negrín, refugiado en Valencia, defendía la resistencia hasta el final, contando con el apoyo de los comunistas. Los “negrinistas” y los seguidores de la junta se enfrentaron entre sí.
Franco rechazó las propuestas de Casado, quien huyó poco después de Negrín y del general Miaja, comandante militar de Madrid desde el inicio de los combates. Madrid y Valencia fueron tomadas por las fuerzas franquistas.
Fin de la guerra
Al amanecer del 30 de marzo todo el territorio español estaba bajo control de Franco, que el 1 de abril de 1939 publicó su último comunicado de guerra desde Burgos: «Las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos. La guerra ha terminado».
Coste humano y económico
La victoria franquista tuvo un precio devastador: 986 días de lucha incesante, 600 000 muertos (300 000 en combate, 100 000 ejecutados y 200 000 por enfermedad o bombardeos), medio millón de exiliados y un coste económico estimado en unos treinta mil millones de pesetas.
Consecuencias y legado
Más allá de las cifras, la guerra dejó un odio feroces que alimentó rencores eternos. El lema «Vae victis» de Breno resonó en los cañones que dispararon al final del conflicto. Mientras los republicanos continuaron su lucha ideológica desde el exilio, Franco impuso una rígida política de “monarquía establecida” sobre una España herida. Las nuevas generaciones, los hijos de los veteranos, heredaron una historia marcada por la violencia y la división, recordándonos que la sombra de la guerra sigue presente.