Historia antigua

Comienza la tragedia

Comienza la tragedia

Internamiento en Francia

Las flores se marchitan rápidamente y, para los voluntarios de las Brigadas Internacionales, se abre un nuevo capítulo de sufrimiento. En Francia, al cruzar la frontera, los extranjeros son recluidos en campos como Vernet, Gurs y Argelès-sur-Mer, vigilados por guardias móviles y tropas senegalesas. Las condiciones son extremas; la mayoría no puede regresar a su tierra natal. Cuando estalló la guerra, el gobierno de Vichy entregó a algunos a los alemanes, mientras que otros lograron volver, como los yugoslavos que formaron la columna de Tito. Muchos más se integraron a la Resistencia francesa o, tras ser internados en el norte de África, se alistaron en la División Leclerc.

Destino en la Unión Soviética

Los ex‑brigadistas que buscaron refugio en la URSS tuvieron un futuro aún más incierto. Varios fueron víctimas de las purgas estalinistas y la asociación amistosa que habían creado fue disuelta. Sólo una excepción sobresalió: el general Malinovsky, que llegó a ser mariscal y ministro de Defensa de la Unión Soviética.

Posguerra y persecuciones

Tras la Segunda Guerra Mundial, algunos ex‑brigadistas ocuparon altos cargos en las democracias occidentales, pero Stalin los mantuvo bajo sospecha, considerándolos “contaminados” por la cultura política de la guerra civil española. En los años 50, en los infames juicios de Praga y Budapest, aparecieron sobrevivientes como László Rajk, ministro húngaro de Relaciones Exteriores, y Artur London, subsecretario checo de Relaciones Exteriores, ambos víctimas de confesiones forzadas y condenas que sólo se anularon después de su muerte.

En la Alemania Oriental la situación fue distinta: numerosos ex‑brigadistas alcanzaron puestos de mando, no fueron procesados y fueron honrados públicamente. André Marty, organizador de las brigadas, fue expulsado del Partido Comunista Francés en 1953, pese a haber sido venerado durante años.

El Reino Unido liberal no persiguió a sus ciudadanos que combatieron en las brigadas, pero en Estados Unidos sí se desató una caza de brujas contra los veteranos españoles. Los más afortunados fueron los que encontraron refugio en México, donde recibieron un trato muy favorable.

En total, 35 000 extranjeros de 54 naciones se incorporaron a las Brigadas Internacionales; más de 6 000 murieron en combate.