Historia antigua

Ballesta

Ballesta

La ballesta (del latín arcuballista) es un arma de lanzamiento compuesta por un arco montado sobre un bastidor que dispara proyectiles llamados virotes.

Principios generales y mecánicos

En esencia, la ballesta no es más que un arco cuyo arco se mantiene tensado no por la fuerza del tirador, sino por una pieza rígida llamada carril o armazón, que sostiene la cuerda y la libera mediante un mecanismo simple.

Esta mejora aporta varias ventajas: una vez tensada la cuerda, el tirador no necesita ejercer esfuerzo físico mientras apunta; el ajuste del disparo resulta más sencillo; la tensión es casi constante, pues depende del punto de anclaje en el armazón y no del gesto del arquero. Por ello, la efectividad del disparo depende menos de la habilidad natural y el entrenamiento del tirador. Además, con una ballesta se puede disparar eficazmente estando tumbado.

La potencia de la ballesta puede incrementarse hasta niveles capaces de perforar armaduras o abatir caballos. Asimismo, la longitud del proyectil ya no está condicionada por la morfología del tirador.

Los rastros de la ballesta se encuentran desde la antigüedad, con un auge notable en China y, más tarde, en la Europa medieval. Los modelos más primitivos consistían en un arco de una sola pieza de madera y una simple muesca en el armazón para sostener la cuerda (por ejemplo, la ballesta premedieval “Charavine” hallada en el lago de Paladru, Isère, o los modelos pygmies aún usados en África central). Los diseños de la Guerra de los Cien Años, sin embargo, presentaban gatillos de levadura, arcos compuestos o metálicos y sistemas de tensado complejos, lo que los convertía en armas de alta tecnología y, por tanto, costosas.

Si bien la ballesta fue muy popular para la caza, su uso militar provocó notables reveses en el campo de batalla. La lenta adopción frente a tropas armadas con arcos largos tradicionales suele citarse como causa (crónicas de Crecy y Agincourt). Sin embargo, el error principal radicó en intentar sustituir a los arqueros por ballesteros; los arqueros podían disparar hasta cinco flechas por minuto en formación cerrada, proporcionando fuego de supresión, mientras que la ballesta era más bien un arma de precisión para la época.

El virote

El virote de la ballesta funciona esencialmente como una flecha, aunque presenta diferencias notables en su comportamiento balístico. Mucho más corto que una flecha convencional, el virote sufre menos deformaciones de la espina durante el disparo, lo que permite producir en serie proyectiles económicos y de calidad aceptable.

Lejano Oriente

Las primeras ballestas aparecen en China durante el período de los Estados Combatientes (siglo V a.C. hasta 221 a.C.). Al no disponer aún de un sistema mecánico, el arco se tensaba manualmente desde una posición supina, usando los brazos y los pies sobre los semicírculos del arco. El mecanismo de gatillo se desarrolló entre la dinastía Qin y la Han, y los primeros modelos estaban fabricados en bronce.

Grecia

En Occidente, el antecedente de la ballesta fue la gastrophetes, un arma de asedio cuyo gran peso la limitaba al uso en sitios fortificados. Fue reemplazada por la oxibeles y, posteriormente, por la balista. A diferencia de la gastrophetes, la ballesta incorpora un gatillo.

Roma

En la Antigüedad romana, la manuballista (literalmente “ballesta de mano”) heredó el modelo griego de la oxibeles y, por tanto, era una ballesta de torsión. Este tipo habría perdurado hasta el siglo X. Su principio se basaba en dos muelles de crin de caballo o tendones a ambos lados del cañón, que se tensaban al retraer las ramas del arco.

Edad Media

Durante la Edad Media la ballesta se utilizó tanto para la caza como para la guerra. La caballería la despreciaba por considerarla un arma injusta: mataba a distancia sin ofrecer al adversario posibilidad de defensa. La Iglesia la catalogó como inmoral, argumentando que permitía a soldados sin entrenamiento eliminar a caballeros bien entrenados. El Concilio Laterano II (1139) la prohibió, y el Papa Inocencio II la reafirmó en 1143 bajo amenaza de excomunión. Aunque la prohibición se dirigía a combates entre cristianos, los príncipes occidentales la ignoraron en gran medida, y el Papa Inocencio III volvió a recordarla en 1205.

Aunque existía la prohibición, reyes como Ricardo Corazón de León y Felipe Augusto crearon unidades de ballesteros bien entrenados y equipados. Estos soldados se convirtieron en élites bien pagadas, a veces mejor equipadas que ciertos caballeros. En las Cruzadas también fueron empleados por pueblos orientales, con ligeras variaciones de diseño, e incluso se desarrolló una versión experimental de ballesta lanzagranadas.

En los conflictos tardíos de la Edad Media, Francia contrató a ballesteros mercenarios extranjeros, especialmente genoveses, cuyas descargas podían perforar armaduras a 90‑100 m. Uno de los casos más famosos fue la muerte de Ricardo Corazón de León en 1199, tras recibir una herida de virote.

El progreso de la siderurgia en el siglo XIV permitió la aparición de arcos de acero, sustituyendo progresivamente a los de madera y compuestos. Se inventaron mecanismos de tensado complejos, como la grulla o la manivela (“muffe”), que requerían de 2 a 3 min (hasta 30 min en los modelos más potentes) para recargar. Los artesanos italianos destacaron por producir ballestas de gran potencia, alcanzando velocidades de virote de hasta 350 km/h, aunque su bajo ritmo de disparo (dos virotes por hora) limitó su uso en batalla.

El término cranequín (del medio holandés cranekijn, “tipo de ballesta”) designaba tanto a la ballesta de pie como al mecanismo de tensado; hoy en día se usa erróneamente “ballesta de grulla” para referirse solo a la parte mecánica. Los usuarios de este tipo se conocían como cranequinieros.

Con la llegada de las armas de fuego, más fáciles de usar, menos costosas y que requerían menos entrenamiento, la ballesta quedó prácticamente en desuso, aunque su uso marginal se documentó hasta tiempos recientes.

Testimonio histórico

El historiador bizantino Ana Comnena (1083‑1148) describe la ballesta, a la que llama tsangra:

«La tsangra es un arco bárbaro, absolutamente desconocido para los griegos (bizantinos). No se puede tensar el arco; quien lo haga debe estar, por así decirlo, boca abajo y presionar ambos pies contra los semicírculos del arco, mientras con ambas manos tira de la cuerda con gran esfuerzo. En su centro hay una ranura semicilíndrica que toca la cuerda; allí se colocan los virotes, que son muy cortos pero gruesos y terminan en una formidable armazón de hierro. Gracias a la fuerza del cordón, los virotes atraviesan escudos, penetran pecheras de hierro y continúan su vuelo por el otro lado.»

Según Thomas Louis y Tommy Ito, la ballesta llegó a Japón en el siglo VII, equipando principalmente a la infantería. En el siglo XVI se convirtió en el arma exclusiva de ciertas unidades de arquería, tanto en forma portátil como montada en trípodes (oyumi). Los ninjas (shinobi) la utilizaban aprovechando su agilidad para disparar desde posiciones insólitas, como los tejados.

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