Historia antigua

Política exterior de Luis IX

Política exterior de Luis IX
En el exterior, la paz entre los príncipes cristianos constituye el objetivo principal de su política. Con orgullo proclama: «Bienaventurados los pacificadores» y se presenta como árbitro del cristianismo.

Arbitraje entre la Iglesia y el Imperio

Al asumir el gobierno del reino, la disputa entre el sacerdocio y el Imperio se encuentra en una fase crítica. Luis IX opta por una política de respeto al Santo Sillón, buena voluntad hacia el emperador y firme intención de proteger los derechos de la corona de Francia, al tiempo que persigue la pacificación mediante su mediación.

Conflictos en Flandes y Hainaut

El rey interviene para mantener la paz entre los pretendientes al trono de Flandes y Hainaut, los Dampierres y los Avesnes. En 1246, como primer árbitro, concede el condado de Flandes a los Dampierres y Hainaut a los Avesnes. Tras su regreso de Palestina, obliga a Juan de Avesnes, que había aceptado a regañadientes sus decisiones, a devolver a Flandes parte de los feudos otorgados con Hainaut (Acuerdo de Péronne, 1256).

Otros pleitos, como la sucesión de Navarra, también captan su atención, pero ninguno genera tanto revuelo como la "Mise d'Amiens" de 1264, destinada a resolver el conflicto entre el rey de Inglaterra Enrique III y sus barones rebelde.

Relaciones con Inglaterra

La historia de las relaciones franco‑inglesas bajo su reinado refleja claramente su enfoque diplomático. Tras la derrota de 1242, Enrique III mantiene una postura de calma ambigua. Luis IX busca un tratado definitivo; cuando en 1254 el rey inglés solicita permiso para cruzar Francia de Aquitania a Inglaterra, el monarca francés lo concede y se reúne en Chartres, iniciando las negociaciones que culminarán en el Tratado de París de 1259.

Con dicho acuerdo, Enrique III vuelve a ser vasallo del rey de Francia como duque de Aquitania, renunciando a Normandía, Maine, Anjou, Touraine y Poitou. A cambio, Luis IX le devuelve dominios en Limoges, Cahors y Périgueux, con la expectativa de recuperar Saintonge, Charente y Agenais si, tras la muerte sin descendencia del conde Alfonso de Poitiers, esas tierras recaen en la corona francesa.

El tratado, impopular entre la opinión pública francesa, buscaba apaciguar décadas de conflicto iniciado por Felipe Augusto y Juan sin Tierra. Sin embargo, el dinero que Luis IX destinó al tratado, pensado para la cruzada, fue utilizado por Enrique III para combatir a sus barones y abolir las "Provisiones de Oxford" que limitaban la autoridad real. El rey francés vuelve a intervenir y, mediante la "Mise d'Amiens" (1264), falla a favor del rey de Inglaterra, pero los rebeldes no aceptan la sentencia y estalla una guerra civil en Inglaterra.

Tratado con Aragón

Frente a los reyes de Aragón, que también reclamaban territorios franceses, Luis IX siguió la misma línea conciliadora. En 1258 se firma el Tratado de Corbeil, por el cual el monarca francés renuncia a sus derechos sobre Roussillon y Barcelona, a condición de que Aragón abandone sus pretensiones sobre Provenza y Languedoc, salvo Narbona.

Intervención en Italia

La verdadera prueba de su política pacifista surge en Italia. La ambición de su hermano Carlos de Anjou, quien se involucró en los asuntos italianos, desencadenó costosas expediciones de los "reyes de Francia" que agotaron recursos y comprometieron los destinos de Francia en los Países Bajos y el Rin. Luis IX permitió la intervención, pero pronto lamentó el fervor de los papas y de su caballería al sumergirse en una guerra que derramó sangre cristiana en ambos bandos.

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