El Congreso de Viena y la división de Italia
Tras la derrota de Napoleón, los poderes europeos se reunieron en Viena (septiembre 1814‑junio 1815) bajo la dirección del ministro austríaco Klemens von Metternich. El objetivo era reorganizar el continente después de las guerras revolucionarias y napoleónicas, pero en lugar de resolver la cuestión italiana, los monarcas de Austria, Francia y Gran Bretaña repartieron el territorio italiano entre sí.
Así, el norte quedó bajo dominio austríaco (Lombardía y Venecia), el centro bajo el Estado Pontificio, el sur bajo el Reino de las Dos Sicilias de la dinastía Borbón, y el noroeste bajo el Reino de Piamonte‑Sicilia (Piamonte‑Sardinia) gobernado por la Casa de Saboya.
El retorno del Papa
El Papa, que había sido depuesto por Napoleón, recuperó el Estado Pontificio y volvió a ejercer su autoridad sobre Roma y sus alrededores. Metternich describió la situación diciendo que "Italia se había convertido en una mera expresión geográfica".
Los problemas de los nacionalistas italianos
Inspirados por el auge del nacionalismo en Europa, los patriotas italianos querían:
- Liberar los territorios bajo control austríaco.
- Instaurar un gobierno democrático.
- Lograr la unidad nacional.
Los Carbonari y Giuseppe Mazzini
Los primeros grupos secretos, como los Carbonari, organizaron levantamientos que fueron reprimidos por Metternich. Entre sus miembros destacó Giuseppe Mazzini (nacido en Ginebra en 1805). Mazzini fundó la Joven Italia y promovió la idea de que "nuevas ideas solo surgen regadas con la sangre de los mártires". Sus escritos inspiraron a generaciones de italianos y lo convirtieron en un símbolo del ideal republicano.
Camillo Benso, conde de Cavour (el "Kaboor")
Político astuto y diplomático, Cavour nació en Turín en 1810. Tras servir en el ejército, se dedicó a la política del Reino de Piamonte‑Sicilia. Como ministro de Relaciones Exteriores (1848) y luego Primer Ministro (1852‑1861), impulsó una política de modernización económica, reformas administrativas y fortalecimiento militar.
Cavour buscó la ayuda de Francia contra Austria. En 1858, en la Convención de Plombières, el emperador napoleónico III acordó apoyar a Piamonte a cambio de la cesión de Niza y Saboya a Francia.
La Segunda Guerra de Independencia (1859)
Con el apoyo francés, el Reino de Piamonte derrotó a Austria y obtuvo Lombardía. El Tratado de Zúrich dejó a Venecia bajo dominio austríaco, pero marcó la primera gran victoria del proceso de unificación.
La anexión de los Estados centrales (1860‑1861)
Los ducados de Parma, Modena, Toscana y la República Romana votaron a favor de unirse a Piamonte mediante plebiscitos. Así, gran parte de la Italia central quedó integrada en el nuevo reino.
Giuseppe Garibaldi y la conquista del sur
Garibaldi, famoso guerrillero y líder de los camisas rojas, desembarcó en Sicilia en 1860 con la Expedición de los Mil. En pocos meses tomó Sicilia y el Reino de las Dos Sicilias, entregándolos al rey Víctor Manuel II de Saboya.
La incorporación de Venecia y la toma de Roma
En 1866, Italia se alió con Prusia contra Austria (Guerra Austro‑prusiana). Tras la victoria prusiana, Italia obtuvo Venecia mediante el Tratado de Viena.
En 1870, la derrota de Napoleón III en la Guerra Franco‑prusiana obligó a retirar las tropas francesas de Roma. El 20 de septiembre, el ejército italiano bajo el mando del general Raffaele Cadorna entró en la ciudad, poniendo fin al Estado Pontificio. El 2 de junio de 1871, Víctor Manuel II entró triunfalmente en Roma, declarando la plena unidad nacional.
Legado
La unificación, conocida como el Risorgimento, transformó a Italia de una colección de estados fragmentados en una monarquía constitucional bajo la Casa de Saboya. Aunque el sueño republicano de Mazzini no se materializó, la obra de Cavour, Garibaldi y el propio rey sentó las bases del Estado italiano moderno.