Los etruscos (latín: Tusci) fueron un pueblo que habitó la región de Etruria, correspondiente aproximadamente a la actual Toscana y al norte del Lacio, en el centro de la península itálica, antes de la monarquía romana. Sus vecinos griegos los llamaban Thýrrhenoi (tirrenios), pero ellos se autodenominaban Rasna. Su alfabeto, de origen griego y ligeramente modificado, dio origen al alfabeto latino que utilizamos hoy.
Origen
La tradición ofrece varias versiones sobre su procedencia. Heródoto los vinculaba a una migración desde Lidia, en Asia Menor, o incluso a los sobrevivientes de la caída de Troya. Livio, por su parte, sugiere un origen norteño, mientras que Dionisio de Halicarnaso los considera autóctonos. La mayoría de los estudios modernos concuerdan en que la civilización etrusca surgió de la fusión de tres componentes: grupos orientales que llegaron desde Asia Menor, poblaciones del norte (posiblemente de la cuenca del Danubio) y los habitantes autóctonos del territorio, presentes desde el Neolítico. Esta mezcla explica el rápido desarrollo de la cultura entre los siglos VIII y VII a.C., periodo conocido como “orientalizante”.
Lengua
El etrusco se escribe con un alfabeto derivado del griego, precursor del alfabeto latino. Es una lengua no indoeuropea y apenas conocemos alrededor de 700 vocablos.
Religión
La vida cotidiana de los etruscos estaba impregnada de religiosidad. Destacaba la Orden de los Haurápices, adivinos que interpretaban augurios, prodigios y fenómenos atmosféricos para determinar la auspiciosidad de templos, edificios y fundaciones de ciudades. Sus rituales están recogidos en los tratados de la Disciplina etrusca.
Arte
La producción artística etrusca es notablemente rica. Sobresalieron los artesanos, pintores de frescos funerarios (como los de Tarquinia), escultores en bronce y terracota, joyeros y metalúrgicos. Sus obras se conservan en museos italianos de Florencia, el Vaticano, Volterra, entre otros.
Auge y declive
El máximo esplendor se alcanzó a mediados del siglo VI a.C. En 535 a.C. una confederación etrusco‑cartaginesa venció a los foncésicos de Massalia en la batalla naval de Alalia. La expansión se detuvo a finales del siglo y comenzó el declive durante el V siglo. Roma expulsó a los reyes tarquinos en 509 a.C. y, tras derrotas sucesivas (Aricia 506, Cumae 474, Capua 423), los etruscos perdieron sus últimos enclaves. La invasión gala a principios del V siglo devastó las ciudades de la llanura del Po. En 396 a.C. Roma conquistó Veii, y en 295 a.C. la derrota en la batalla de Sentinum marcó su total sometimiento, que culminó con la concesión de la ciudadanía romana tras la Guerra Social (90‑88 a.C.).
Legado
Aunque perdieron la autonomía política, los etruscos siguieron influyendo en la cultura, la religión y el arte italianos. Augusto incorporó Etruria como la séptima región de Italia; instituciones, costumbres, gusto por el lujo y la música permanecieron. El emperador Claudio fue un estudioso de la cultura etrusca. El espíritu creativo etrusco resurgió siglos después durante el Renacimiento toscano.