Lejos de ser un elemento arcaico destinado a desaparecer, la piqueta, a comienzos del siglo XVI, provocó una transformación táctica decisiva en pocos años. En las Guerras Borgoñonas (1474‑1477) los enormes escuadrones suizos demostraron que la piqueta no sólo era una defensa eficaz contra la caballería pesada, sino también un arma ofensiva capaz de aplastar cualquier otro tipo de unidad. Gracias a su armadura, disciplina superior y cohesión, los suizos superaron a la infantería borgoñona, armada con armas más cortas, arcos y ballestas, pese a la superioridad numérica del arte de fuego borgoñón.
El modelo suizo y el choque de espadas en las Guerras Italianas
En las batallas campales de las Guerras Italianas (1494‑1559) – Novara (1513), Marignano (1515) y Bicocca (1522) – la infantería suiza actuó siempre en columnas compactas, atacando con piquetas a enemigos atrincherados y rodeados de abundante artillería. En Novara, Niccolò Machiavelli destacó la hazaña de los suizos que, sin artillería ni caballería propia, rompieron las posiciones francesas sin mayor dificultad. El cañón francés quedó en silencio ante la velocidad de los escuadrones de piqueta. Como señaló el mariscal francés Robert III de La Marck, los suizos «van directamente al corazón de la artillería enemiga».
En Marignano, pese a la presencia de lansquenetes alemanes y de un cuerpo de arcabuceros comandado por Pedro Navarro, los suizos cruzaron la frente gala con sus piquetas entrelazadas, obligando a los franceses a responder con cargas de caballería pesada. La artillería francesa les obligó a detenerse, pero los suizos siguieron avanzando contra los cañones de Galiot de Genouillac. Tras dos días de combates encarnizados, la falta de caballería y artillería propias provocó la retirada suiza.
En Bicocca, los suizos mantuvieron su táctica habitual: dos columnas compactas contra una posición fortificada. La diferencia fue la devastadora lluvia de arcabuces españoles, que provocó una catástrofe en minutos. Sin embargo, el fuego de armas individuales no impidió que se produjera el choque de piquetas; los suizos llegaron a enfrentarse cuerpo a cuerpo con los lansquenetes imperiales, en duelos a muerte que demostraron la resistencia de la piqueta frente al fuego a distancia.
Tanto en Marignano como en Bicocca quedó claro que la piqueta podía ser ralentizada por arcabuces y arcabuceros, pero no destruida. En Pavía (1525) el arcabuz también se mostró como el arma idónea para detener –no aniquilar– la infantería de piqueta. Según Juan de Oznaya, la escasez de arcabuces suizos se debió a la repentina aparición de la arma, que no pudieron llevar consigo.
A pesar de la superioridad española en el uso del arcabuz, los suizos y los lansquenetes alemanes integraron rápidamente las armas de fuego en sus esquemas tácticos. El embajador veneciano Vincenzo Quirini describía ya en 1507 el uso sostenido de fuego por parte de los lansquenetes, y cómo, tras la carga de piquetas, el capitán ordenaba el asalto cuerpo a cuerpo.
Doppelsöldner y rodeleros
El éxito del modelo suizo se extendió rápidamente. Los lansquenetes imperiales, organizados por Maximiliano I, fueron una de sus copias más notables. En la Guerra Suaba (1499) los suizos derrotaron a los lansquenetes pese a la similitud de sus formaciones y equipamiento. Según Charles Oman, la superioridad suiza se debió a su mayor experiencia, disciplina y esprit de corps.
A finales del siglo XV ya se observaba una diversificación de armas dentro de la compañía: piquetas, alabardas, ballestas y arcabuces convivían en la misma formación. En la batalla de Fornovo (1495) los suizos llevaban espadas largas (zweihänder) y, según Paolo Giovio, los venecianos, milaneses y mantuanos utilizaban alabardas y espadas de una mano con escudos.
Los primeros en ocupar la primera fila de la formación fueron los doppelsöldner, soldados fuertemente armados que, según crónicas, combatían como leñadores talando robles. Algunos relatos mencionan que en Novara los suizos llevaban alabardas en lugar de zweihänder, lo que muestra la variabilidad del armamento de la vanguardia.
Los zweihänder podían cortar las puntas de las piquetas; un testimonio francés de 1558, durante el asedio de Calais, describe cómo los soldados con estas espadas talaban los piquetes que intentaban avanzar.
La alabarda, más manejable que la piqueta, se convirtió en la herramienta ofensiva predilecta para romper los primeros filas enemigas. El italiano Giacomo di Grassi (1570) recomendaba la partesana, una variante de la alabarda con punta larga, para cortar piquetas. John Smythe (1590) también defendía el uso de alabardas al estilo italiano, con puntas largas y ejes robustos.
A finales del siglo XVI la alabarda y el zweihänder perdieron su función táctica, quedando como símbolos de sargentos y cabos. Sin embargo, todavía aparecen referencias de su uso en combates, como en la guerra frisona (1582) o en ilustraciones del “Image of Irelande” (1581).
Rodeleros y la "mala guerra" hasta San Quintín
Los rodeleros –infantería ligera española armada con alabardas, espadas y escudos– fueron cruciales en la batalla de Barletta (1503) y en la de Ravenna (1512), donde lograron desbaratar escuadrones de lansquenetes franceses. Diego de Salazar (1536) explicaba que las piquetas eran útiles contra la caballería, pero contra infantería ligera servían mejor las espadas y escudos.
En la batalla de Scherwiller (1525), durante la Guerra de los Campesinos Alemanes, los lansquenetes levantaron las piquetas de los luteranos y, desde abajo, los masacraron. Este tipo de maniobra muestra la constante interacción entre piqueta y armas de cuerpo a cuerpo.
Delbrück observó que, desde Pavía hasta el final de las Guerras Italianas, la evolución táctica fue limitada: el choque de piquetas siguió dominando el campo de batalla, aunque la integración de arcabuces y la mayor flexibilidad de formaciones comenzaron a aparecer. En la batalla de Cerisola (1544) la fila de arcabuceros tomó un papel ofensivo, aunque seguía subordinada a la piqueta.
En Marciano (1554) los imperiales y sus aliados florentinos vencieron a los franceses; la presión de la caballería y el choque de piquetas decidieron el resultado. En San Quintín (1557) apareció un nuevo elemento: la caballería ligera armada con pistolas, que destruyó gran parte de la infantería germánica y gascona, anticipando la revolución del mosquete que se produciría una década después.
Bibliografía
- Albi, J. (2017). From Pavia to Rocroi. The Spanish Tercios. Madrid: Awake Ferro Editions.
- Bru, J.; Claramunt, A. (2020). The thirds. Madrid: Awake Ferro Editions.
- Mallett, M.; Shaw, C. (2014). The Italian Wars 1494‑1559: War, State and Society in Early Modern Europe. London: Routledge.
- Delbrück, H. (1990). The Dawn of Modern Warfare. Lincoln, London: University of Nebraska Press.
- Oman, C. (1937). A History of the Art of War in the Sixteenth Century. London: Methuen & Co.
Notas
[1] Keen, M. (1999). The Changing Scene: Guns, Gunpowder, and Permanent Armies. Oxford: Oxford University Press, p. 286.
[2] Machiavelli, N. (1857). Il Principe e discorsi sopra la prima deca di Tito Livio. Firenze: Felice LeMonnier, p. 264.
[3] La Marck, R. de (Lord of Fleuranges). (1913). Mémoires du maréchal de Florange. Paris: Renouard, p. 225.