Historia antigua

Drácula: de modelo político a héroe innovador

Drácula: de modelo político a héroe innovador

En 1842 se halló en San Petersburgo un manuscrito ruso titulado Povest’o Drakule, atribuido a Fyodor Kuritsyn, embajador de Iván III el Grande en la corte de Matías Corvino entre 1482 y 1485. Hasta el siglo XVIII se copiaron veintidós versiones de este texto.

El manuscrito y los preceptos de gobierno

Durante sus viajes por Transilvania, Moldavia y Buda, Kuritsyn reunió diecinueve anécdotas que ofrecían lecciones para el gobernante que deseaba forjar un Estado ruso autocrático. La primera de ellas defendía la igualdad ante la ley del monarca, pues Drácula “odiaba tanto el mal en su país” que nadie, por rico que fuera, podía comprar su vida, sea boyardo, sacerdote, monje o campesino.

Esta idea quedó plasmada en el código legal de 1497, en el que colaboró Kuritsyn, y que se distinguió por su severidad: los delitos que antes se castigaban con multas ahora podían terminar en pena capital o mutilación. El texto también alaba la resistencia ejemplar de Vlad III contra los turcos, comparándola con la lucha de Iván III contra los tártaros de la Horda de Oro.

Influencia en Iván IV “el Terrible”

El relato de Kuritsyn fue tan influyente que el zar Iván IV lo citó en anécdotas atribuidas a Drácula, como la costumbre de castigar a los soldados que huían del enemigo hiriéndolos en la espalda (después de una batalla de 1572) o quemar a los pobres encerrados en la iglesia de Aleksandrov Svoboda durante la hambruna de 1575.

El demonio del Oeste

En 1897 Bram Stoker publicó su novela Drácula, ambientada en Transilvania, tierra natal de Vlad III. En esa época los vampiros eran un tema de moda. La literatura vampírica se remonta a mediados del siglo XVIII, con obras como The Bride of Corinth (Goethe, 1797), The Vampire (Polidori, 1819) o Carmilla (Le Fanu, 1872). También se han señalado sorprendentes coincidencias con The Vampire Captain (Marie Nizet, 1879), escrita por una joven belga en contacto con exiliados rumanos.

Stoker investigó el vampirismo en los Cárpatos. Durante unas vacaciones en Whitby encontró en la biblioteca local el libro del diplomático William Wilkinson, Journeys in Wallachia and Moldavia (1820), que mencionaba al voivoda Drácula. En una nota al pie explicaba que en lengua valaca dracul significa “demonio”, mientras que en húngaro significa “dragón”. Stoker transformó al “Conde Wampyr” en Drácula, y el relato de Wilkinson sirvió de base para el panorama histórico que el personaje ofrece a Jonathan Harker.

¿Le gustaba la sangre?

En un poema dedicado al voivoda en 1463, el trovador alemán Michel Beheim describió su sed de sangre: “Lo que le agradaba y lo estimulaba era ver fluir la sangre humana, pues solía sumergir su mano en ella cuando no se le servía en la mesa durante sus comidas”.