La Guerra de los Cien Años (1337‑1453) entre Inglaterra y Francia provocó una profunda crisis interna en ambos reinos. Tras la victoria inglesa en la Batalla de Agincourt y la firma del Tratado de Troyes (1420), Enrique V de Inglaterra fue reconocido como heredero del trono francés. Sin embargo, la muerte prematura de Enrique V y la inestabilidad mental del rey francés Carlos VI dejaron un vacío que desencadenó una serie de conflictos que acabarían influyendo en la posterior Guerra de las Rosas en Inglaterra.
¿Quiénes combatieron en la Guerra de las Rosas?
La contienda enfrentó a dos poderosas casas nobles: la Casa de Lancaster y la Casa de York. Cada familia reclamaba el derecho al trono inglés, y sus emblemas —la rosa roja de Lancaster y la rosa blanca de York— dieron nombre al conflicto.
Orígenes dinásticos
Ambas casas descienden de la dinastía Plantagenet, que gobernó durante la Guerra de los Cien Años. Eduardo III, rey de Inglaterra, otorgó a sus hijos títulos que fundarían las dos ramas:
- El hijo mayor, Eduardo, el Príncipe Negro, recibió el Ducado de Cornualles.
- El segundo hijo, Lionel, se convirtió en Duque de Lancaster.
- El tercer hijo, Juan de Gante, fue nombrado Duque de York.
Tras la muerte de Eduardo III, el Príncipe Negro falleció antes que su padre, dejando a su hijo Ricardo II en el trono. La deposición de Ricardo II en 1399 permitió que su primo, Enrique IV (hijo de Juan de Gante), iniciara la rama Lancaster del trono.
El problema de la sucesión de Enrique VI
Enrique V había sido reconocido como heredero del trono francés mediante el Tratado de Troyes, pero su muerte en 1422 dejó a su hijo, Enrique VI, como rey simultáneo de Inglaterra y, en teoría, de Francia. La legitimidad de este doble reinado fue cuestionada, y la guerra continuó. Además, Enrique VI padecía episodios de locura, lo que debilitó aún más la autoridad real.
Durante su incapacidad, la reina Margarita de Anjou, madre de Enrique VI, actuó como regente, pero su origen francés generó desconfianza entre la nobleza inglesa.
Motivos del levantamiento de la Casa de York
El descontento contra la gestión de la guerra y la incapacidad de Enrique VI para gobernar favoreció a los partidarios de York, que defendían una política más agresiva contra Francia. Richard, duque de York, aprovechó la crisis para reclamar el trono, basándose en su linaje directo de Eduardo III.
La combinación de:
- La falta de liderazgo de Enrique VI,
- El descontento de la nobleza ante la regencia de Margarita,
- El derecho dinástico de los York,
condujo a una serie de rebeliones que culminaron en la Guerra de las Rosas (1455‑1487), una guerra civil que duraría más de tres décadas.
Conclusión
La Guerra de las Rosas no puede entenderse sin considerar el contexto de la Guerra de los Cien Años y la compleja sucesión de la Casa de Lancaster. La combinación de disputas dinásticas, crisis de liderazgo y rivalidades aristocráticas desencadenó uno de los conflictos más emblemáticos de la historia inglesa.