Antes del fin del shogunato Tokugawa (antes de la llegada de Perry), dos naciones – Rusia y Estados Unidos – buscaban abrir rutas comerciales con Japón.
En esta ocasión analizaremos por qué Rusia, a diferencia de otras potencias, se interesó especialmente en el archipiélago.
Situación de Rusia en el siglo XVII
Mientras Europa acumulaba riqueza, Rusia vivía una época de inestabilidad bajo el debilitado poder del zar, conocida como el "Tiempo de los Problemas" (1598‑1613). Tras superar esa crisis, el país se enfrentó a Polonia en 1654 y comenzó la Gran Guerra del Norte en 1655, lo que marcó el inicio de su fortalecimiento militar.
Fue entonces cuando Pedro I, un zar de mano firme, impulsó una profunda modernización y, simultáneamente, lanzó la política sur (o "política del sur").
¿Por qué nació la política sur?
El trasfondo estaba en la rivalidad entre el Imperio Otomano y Europa. En 1683, tras la fallida segunda defensa de Viena, el Imperio Otomano sufrió su primera gran pérdida territorial frente a las potencias europeas.
Ese golpe alteró la relación de poder: los otomanos empezaron a cooperar más con Europa, y el resto del continente vio la oportunidad de expandir su influencia marítima.
Pedro I observó este cambio y comprendió que el acceso al mar era clave para acumular riqueza y reforzar la autoridad nacional. La experiencia histórica del "yugo tártaro" también había dejado en la élite rusa la urgencia de fortalecer el Estado.
Política sur y la incursión hacia Japón
En aquel momento Rusia carecía de puertos libres de hielo durante el invierno. Por ello, se enfrentó a Suecia (Gran Guerra del Norte) y al Imperio Otomano (guerras ruso‑turcas).
Las victorias contra Suecia le aseguraron el control de la costa del Báltico; las triunfos contra los otomanos le concedieron el derecho de libre paso por el Mar Negro. Con estos logros, Pedro fundó San Petersburgo, una ciudad de estilo holandés que simbolizaba la intención rusa de obtener puertos sin hielo.
Al mismo tiempo, la expansión hacia el este siguió avanzando, consolidándose la posesión de toda Siberia para 1725 y reduciendo la amenaza proveniente de Europa.
Tras la muerte de Pedro I, los conservadores dominaron la administración, lo que retrasó una política activa hacia Japón hasta la década de 1770.
En resumen, la incursión rusa hacia Japón fue el resultado de un cambio en la balanza de poder entre Europa y el Imperio Otomano, que abrió una ventana de oportunidad para que Rusia buscara un puerto del Pacífico y ampliara su influencia.