Historia antigua

Historia de la Francia medieval: de la dinastía capeta al umbral de la Guerra de los Cien Años

La Francia medieval se sitúa entre la caída de la dinastía merovingia y el estallido de la Guerra de los Cien Años. Durante este periodo se consolidó la sociedad feudal, se fortaleció la monarquía y, a finales del siglo XIV, surgió una nación unificada bajo un rey poderoso.

Línea de tiempo de las dinastías francesas

  • 481 – Clodoveo I unifica a los francos y funda la dinastía merovingia.
  • 751 – Pepino el Breve, mayordomo del palacio merovingio, proclama la dinastía carolingia.
  • 987 – Hugo Capeto, de la familia robertina, es elegido rey y da origen a la dinastía capeta.

Tras los capetos, la sucesión recae en la rama valona, cuyas pretensiones territoriales y la rivalidad con Inglaterra desencadenarán la Guerra de los Cien Años.

Hugo Capeto y la consolidación capeta

Hugo Capeto (987‑996) marcó el inicio de una monarquía que, aunque limitada al dominio de su feudo, sentó las bases para la expansión real. Sus descendientes más destacados fueron Felipe II, Luis IX y Felipe IV, a quienes analizaremos a continuación.

Felipe II (reinado 1180‑1223)

Conocido como «Felipe Augusto», hijo de Luis VII y Adel de Champagne, Felipe II amplió considerablemente el territorio francés. Recuperó tierras que habían sido arrebatadas a los reyes de Inglaterra, como Normandía y Anjou, y fortaleció la administración real mediante la creación de una burocracia centralizada.

Su política exterior se vio marcada por los conflictos con los reyes ingleses Enrique II, Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra, quienes lucharon durante décadas por mantener sus dominios en la costa atlántica.

Luis IX (reinado 1226‑1270) – «San Luis»

Hijo de Felipe II, Luis IX asumió el trono a los 12 años bajo la regencia de su madre, Blanca de Castilla. Su reinado se caracterizó por la paz interior, la expansión del poder real hacia el sur y una intensa actividad religiosa.

  • Cruzada albigense (1209‑1229): bajo el impulso del papa Inocencio III, Luis IX apoyó la campaña contra los cátaros en el Languedoc, incorporando el territorio toulousano al reino.
  • Tratado de París (1259): puso fin a las disputas con Inglaterra, reconociendo la pérdida de Normandía y Anjou a cambio del reconocimiento de la soberanía francesa sobre la Gascuña.
  • Dos cruzadas: Luis lideró la séptima (1248‑1254) y la octava cruzada (1270), ambas fracasadas, pero que reforzaron su imagen de monarca piadoso.

Felipe IV (reinado 1285‑1314) – «Felipe el Bravo»

Felipe IV modernizó la administración real al nombrar a juristas laicos en cargos eclesiásticos y al reforzar la autoridad del rey frente a la nobleza y la Iglesia. Sus principales acciones fueron:

  • Fomento del comercio, especialmente en Flandes, y debilitamiento del poder de los caballeros.
  • Imposición de impuestos a la Iglesia y confiscación de los bienes de la Orden de los Templarios (1307‑1312) para financiar la guerra contra Eduardo I de Inglaterra.
  • Incidente de Anagni (1303): Felipe arrestó al papa Bonifacio VIII, quien murió poco después bajo custodia papal.
  • Cisma de Occidente (1378‑1417): la ruptura entre la sede de Roma y la de Aviñón, iniciada tras la muerte de Bonifacio, debilitó la autoridad papal y favoreció la centralización del poder real francés.

Situación de la dinastía capeta antes de la Guerra de los Cien Años

Tras la muerte de Felipe IV, sus tres hijos —Luis X, Felipe V y Carlos IV— reinaron brevemente. La falta de herederos varones directos y el escándalo de la Affaire de la Tour de Nesle provocaron la exclusión de las mujeres del trono mediante la aplicación de la Ley sálica, que impedía la sucesión femenina.

Esta política dejó a Francia sin una sucesión clara, mientras que Inglaterra, bajo la dinastía Plantagenet, reclamaba los territorios franceses heredados de los aneginos. La combinación de la disputa sucesoria y los conflictos territoriales desembocó en la Guerra de los Cien Años (1337‑1453).