Los francos, bajo el rey Clodoveo I, fundaron la dinastía merovingia. Sin embargo, la costumbre germánica de la herencia fraccionada y la pérdida gradual de poder real llevaron a que los mayordomos del palacio (mayores del palacio) adquirieran una influencia decisiva.
Donación de Pepino (756)
Tras deponer al último merovingio, Pepino el Breve obtuvo el apoyo del Papa Zacarías. A cambio, el monarca entregó al papado los territorios que había conquistado en el norte de Italia, en lo que se conoce como la Donación de Pepino. Esta entrega marcó el inicio de la estrecha alianza entre el Reino Franco y la Iglesia romana.
En ese momento, la Iglesia romana estaba amenazada por los lombardos, que habían establecido el Reino de los Lombardos en Italia, y por el Imperio bizantino, que también buscaba expandir su influencia en la península.
Al no poder contar con el respaldo del Imperio bizantino, Roma buscó la protección del Reino Franco. Pepino, además de favorecer al papado, aprovechó la ocasión para debilitar a los lombardos y reforzar su posición en el norte de Italia.
Apogeo carolingio: el reinado de Carlomagno (768‑814)
Tras la muerte de Pepino, sus hijos Carlomán y Charlemagn (Carlos el Grande) heredaron el trono. Carlos, tras la muerte de su hermano Carlomán, quedó como único gobernante del Reino Franco.
Durante sus 46 años de reinado, Carlos llevó a cabo 53 campañas militares, derrotando a sajones, ávaros y otros pueblos nómadas, y expandiendo su dominio hasta igualar el territorio del Imperio bizantino en el oeste.
El estrecho vínculo con la Iglesia romana se consolidó cuando, en el año 800, el Papa coronó a Carlos como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, reviviendo simbólicamente la idea del Imperio romano en occidente.
La supuesta "Donación de Constantino"
En la Edad Media circuló el documento conocido como la Donación de Constantino, que alegaba que el emperador Constantino I había entregado al obispo de Roma la autoridad suprema sobre el occidente. Aunque hoy se reconoce como una falsificación medieval, la obra sirvió para justificar la pretensión papal de autoridad sobre los reyes cristianos.
¿Quién fue Constantino?
Constantino I (306‑337) fue el primer emperador romano en adoptar el cristianismo y en conceder libertad de culto mediante el Edicto de Milán. Su figura se convirtió en un símbolo central del cristianismo occidental.
Contenido de la falsificación
El texto afirmaba que, tras ser bautizado por el Papa y curado de una enfermedad, Constantino entregaba al obispo de Roma el dominio del Imperio occidental y le confería el poder de nombrar emperadores. Esta idea reforzó la teoría de que la autoridad secular debía estar subordinada a la eclesiástica.
Unificación de Europa Occidental
Para gobernar sus extensos dominios, Carlos introdujo una organización administrativa basada en comtes (condes) nombrados directamente por el rey, responsables tanto de la defensa militar como de la administración civil. Se prohibió la herencia de estos cargos para evitar el surgimiento de poderosos señoríos locales.
- División de territorios en unidades de aproximadamente diez mil habitantes.
- Nombramiento de condes (grafen) leales al rey.
- Creación de margraves en fronteras críticas, como la Marca Hispánica frente a Al-Ándalus.
Aunque el sistema buscaba la centralización, las leyes tribales germánicas y la fuerte identidad de cada pueblo dificultaron una integración total, obligando a Carlos a viajar constantemente por el imperio para mantener el control.
División y declive de la dinastía carolingia tras Carlos el Grande
Al morir Carlos en 814, su hijo Luis el Piadoso heredó el imperio. Luis, a diferencia de su padre, no logró mantener la unidad y sus sucesores se enfrentaron en disputas internas.
En 843, el Tratado de Verdún dividió el imperio entre los tres hijos supervivientes de Luis:
- Lothar I: el trono imperial y la porción central (Francia media), incluida el norte de Italia.
- Luis el Germánico: el este, que se convertiría en el futuro Sacro Imperio Romano Germánico.
- Carlos el Calvo: el oeste, base del futuro Reino de Francia.
Posteriormente, el Tratado de Meerssen (870) volvió a reorganizar la Francia media, anexándola a los reinos oriental y occidental. Finalmente, la fragmentación dio origen a los estados que conocemos hoy como Reino de Francia, Sacro Imperio Romano Germánico y Reino de Italia.